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A un golpe de luz.

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA



En negrita el texto escrito por Engel
en azul el texto escrito por Hallie Alfaro.​

Un canto de misterio designa el camino y el aire se ilumina con el eco. Habrá de helarnos el corazón un golpe de luz. El grueso, duro y negro horizonte que atravesamos será la noche que nos espera, el tiempo se hunde en sus raíces. Llueven estrellas sobre el cielo como nadie acierta a recordar. Nuestras miradas se llaman a través del espacio y del polvo. La materia pura se estremece, lanzando su diálogo entre los silencios y colores del universo.
El silencio y su desmesura. El grito invisible de la oscuridad impalpable, y el tiempo que pasa acompasado mientras sigue brillando la superficie del vacío, donde la sombra se retira. Sombra negra, de aristas cortadas que hieren la mirada. En adelante la oscuridad que se extiende ilumina la ensoñación o el sueño, y todo el universo creado. ¿Qué nos ampara? Nada vale saber sino la mano que salve en medio de un lodazal de ideas; la dimensión de Dios. Llegó la luz e impera el frío. La mente está y el cuerpo retorna al territorio donde estuvo.
Debimos ser otros, simultáneos, avezados en el plasma que irradia el cúmulo de Virgo. Y queremos sabernos, asirnos en la constelación natal, en el árbol de los milenios, en el espectro de los soles unidos. ¿Nos puedes ver?, me preguntas, ¿alcanza esta pupila la relatividad de las ópticas pasadas?, ¿acaso fuimos ensueño de cuarzo y selenita?, ¿no podremos reconocer la esencia de aquel Nos perdido en la cuantía de Venus? Solamente desde un lente dármico, dilucidado por el beso mortal de las galaxias, sería posible intuir las pequeñas y grandes historias.
Vamos, aferrémonos al instante lúcido del astro gemelo; no es nada común, es el testigo más fiel de nuestras muchas vidas; en sus primeros pasos, en la búsqueda del infinito terreno, en el carbón amanecido de la memoria, en aquella ciudad que amamos por dentro; en la salvación poética, en los deslices de la endorfina, en los rostros hermosos de la imaginación.

En aquel tiempo vivíamos sostenidos por la eternidad. Tú por lo grande de tu voz. Yo por lo inmenso de mis treguas. En aquel tiempo teníamos todas las palabras para suspirar mientras la nada se volviese frío. Ahora bordeamos un abismo, deja que te traiga el aroma intrincado y azul de las promesas dichas ante bombillas contra un universo sin fondo, donde la distancia tiene color de infinidad, autopistas lavadas por galaxias, direcciones escritas en la materia estelar.
Abrazo la cronología de tu verbo bajo la lluvia de Leonidas; me pierdo en el estro de tu pecho cósmico, confío en los púlsares embriagados de tacto; creo en la mística del éter, cuando el estruendo sideral, se alimenta de nuestros pasos.
Pasos que han sido en un tiempo energía discreta, sostenida más allá del tiempo y el espacio. Luego vino la historia con sus fechas y el cálculo preciso de la lógica humana; su exacto pesimismo de medidas y números.
Ahora que a lo lejos tiritan las estrellas e invisibles dedos de luz acarician el cosmos con ternura, la belleza nos llega limpia, es sencillo mirar todas las cosas. Quisiera precipitarme detrás de los horarios para luchar con toda mi insignificancia en la vasta llanura de tu alma, y descubrir así sobre la piel su ingravidez de eternidad, perfilada por la carencia de un campo de batalla.
A veces basta sólo una pregunta; una sola pregunta basta para dudar de todo. ¿Cuál es, Universo, tu verdad más profunda?
Si todo tú cabes en la burbuja infinitesimal de un razonamiento perfecto ¿por qué no encerrarte en algún gesto inalcanzable, en una mirada, en una oración que diga todo tu silencio? Silencio del bueno; de sus palabras zumo de constelaciones.
Reconozco sus dedos cristalinos en mi frente. Aquel mismo silencio abierto que tantísimas veces se ofrecía a mi animosa imaginación. Un silencio sin rencores. Amigo de los golpes de luz. Un silencio incitador pero intimista. Un silencio que desnuda. Un silencio limpiamente navegable.
Habremos de conquistar la existencia en cada nanosegundo. Renovar los sentidos y los votos del propio viaje. Levitar con el yo, arrastrar su pregnancia, aprender del fuego inicial, del caos periférico, no habremos de dudar nunca de la banal distancia en Júpiter enamorado.
A esta hora cercana al linaje de los astros, cuando la verdadera dimensión de la realidad viaja atrapada en los ojos de una estrella fugaz, cuando el cosmos se llena de partituras donde exponer el pensamiento y los astrolabios miden la imposible curvatura de las metáforas, yo querría descifrar en tu espalda; refugio de constelaciones, el mapa secreto del firmamento.
Los dos sabemos que además de mirarnos desde la armonía de este cosmos encendido, hemos hallado algo que guardar en el pecho; el comienzo, el soñar otro viaje que vulnere la belleza que van dejando los cometas en su estela. Y si no nos visitara a veces la angosta condición de ser mortales, no acertaríamos a tomar conciencia clara de que el universo en la nada se sostiene y hace más deslumbrante esta belleza. ¿La recuerdas? Oímos su luz dibujando la perfección que puso en marcha el universo.
 
Última edición:
Siempre me ha apasionado el cosmos, lo sabes verdad?, qué belleza este vuelo Engel, qué desliz de endorfinas y qué bien empastadas las voces. Un placer para los sentidos querido amigo, un placer envolvente, galáctico, sutil.

Abrazos cósmicos para esa luz que viaja fuera de órbita.

Mi cariños Engel.

Palmira
 
Siempre me ha apasionado el cosmos, lo sabes verdad?, qué belleza este vuelo Engel, qué desliz de endorfinas y qué bien empastadas las voces. Un placer para los sentidos querido amigo, un placer envolvente, galáctico, sutil.

Abrazos cósmicos para esa luz que viaja fuera de órbita.

Mi cariños Engel.

Palmira
Devuelvo tus cariños con el mío propio, Palmira.
Gracias por el generoso comentario. Sé que el tema te apasiona.
Feliz martes, querida amiga.
 
Gran texto y excelente narración de parte y parte. Voces timbradas y claras, con la emoción precisa para llevar al oyente al punto de sentirse rodeado sin asfixia.

Una gran obra a la que solo pondría un pero. El telón final (me refiero a la música, los efectos de truenos y la palabra fin), no armoniza con la línea narrativa cuando se anuncia la esperanza de un nuevo viaje. Esto es una opinión personal, que bien puedes desechar a gusto y libremente.

Saludos cordiales.
 


En negrita el texto escrito por Engel
en azul el texto escrito por Hallie Alfaro.​

Un canto de misterio designa el camino y el aire se ilumina con el eco. Habrá de helarnos el corazón un golpe de luz. El grueso, duro y negro horizonte que atravesamos será la noche que nos espera, el tiempo se hunde en sus raíces. Llueven estrellas sobre el cielo como nadie acierta a recordar. Nuestras miradas se llaman a través del espacio y del polvo. La materia pura se estremece, lanzando su diálogo entre los silencios y colores del universo.
El silencio y su desmesura. El grito invisible de la oscuridad impalpable, y el tiempo que pasa acompasado mientras sigue brillando la superficie del vacío, donde la sombra se retira. Sombra negra, de aristas cortadas que hieren la mirada. En adelante la oscuridad que se extiende ilumina la ensoñación o el sueño, y todo el universo creado. ¿Qué nos ampara? Nada vale saber sino la mano que salve en medio de un lodazal de ideas; la dimensión de Dios. Llegó la luz e impera el frío. La mente está y el cuerpo retorna al territorio donde estuvo.
Debimos ser otros, simultáneos, avezados en el plasma que irradia el cúmulo de Virgo. Y queremos sabernos, asirnos en la constelación natal, en el árbol de los milenios, en el espectro de los soles unidos. ¿Nos puedes ver?, me preguntas, ¿alcanza esta pupila la relatividad de las ópticas pasadas?, ¿acaso fuimos ensueño de cuarzo y selenita?, ¿no podremos reconocer la esencia de aquel Nos perdido en la cuantía de Venus? Solamente desde un lente dármico, dilucidado por el beso mortal de las galaxias, sería posible intuir las pequeñas y grandes historias.
Vamos, aferrémonos al instante lúcido del astro gemelo; no es nada común, es el testigo más fiel de nuestras muchas vidas; en sus primeros pasos, en la búsqueda del infinito terreno, en el carbón amanecido de la memoria, en aquella ciudad que amamos por dentro; en la salvación poética, en los deslices de la endorfina, en los rostros hermosos de la imaginación.

En aquel tiempo vivíamos sostenidos por la eternidad. Tú por lo grande de tu voz. Yo por lo inmenso de mis treguas. En aquel tiempo teníamos todas las palabras para suspirar mientras la nada se volviese frío. Ahora bordeamos un abismo, deja que te traiga el aroma intrincado y azul de las promesas dichas ante bombillas contra un universo sin fondo, donde la distancia tiene color de infinidad, autopistas lavadas por galaxias, direcciones escritas en la materia estelar.
Abrazo la cronología de tu verbo bajo la lluvia de Leonidas; me pierdo en el estro de tu pecho cósmico, confío en los púlsares embriagados de tacto; creo en la mística del éter, cuando el estruendo sideral, se alimenta de nuestros pasos.
Pasos que han sido en un tiempo energía discreta, sostenida más allá del tiempo y el espacio. Luego vino la historia con sus fechas y el cálculo preciso de la lógica humana; su exacto pesimismo de medidas y números.
Ahora que a lo lejos tiritan las estrellas e invisibles dedos de luz acarician el cosmos con ternura, la belleza nos llega limpia, es sencillo mirar todas las cosas. Quisiera precipitarme detrás de los horarios para luchar con toda mi insignificancia en la vasta llanura de tu alma, y descubrir así sobre la piel su ingravidez de eternidad, perfilada por la carencia de un campo de batalla.
A veces basta sólo una pregunta; una sola pregunta basta para dudar de todo. ¿Cuál es, Universo, tu verdad más profunda?
Si todo tú cabes en la burbuja infinitesimal de un razonamiento perfecto ¿por qué no encerrarte en algún gesto inalcanzable, en una mirada, en una oración que diga todo tu silencio? Silencio del bueno; de sus palabras zumo de constelaciones.
Reconozco sus dedos cristalinos en mi frente. Aquel mismo silencio abierto que tantísimas veces se ofrecía a mi animosa imaginación. Un silencio sin rencores. Amigo de los golpes de luz. Un silencio incitador pero intimista. Un silencio que desnuda. Un silencio limpiamente navegable.
Habremos de conquistar la existencia en cada nanosegundo. Renovar los sentidos y los votos del propio viaje. Levitar con el yo, arrastrar su pregnancia, aprender del fuego inicial, del caos periférico, no habremos de dudar nunca de la banal distancia en Júpiter enamorado.
A esta hora cercana al linaje de los astros, cuando la verdadera dimensión de la realidad viaja atrapada en los ojos de una estrella fugaz, cuando el cosmos se llena de partituras donde exponer el pensamiento y los astrolabios miden la imposible curvatura de las metáforas, yo querría descifrar en tu espalda; refugio de constelaciones, el mapa secreto del firmamento.
Los dos sabemos que además de mirarnos desde la armonía de este cosmos encendido, hemos hallado algo que guardar en el pecho; el comienzo, el soñar otro viaje que vulnere la belleza que van dejando los cometas en su estela. Y si no nos visitara a veces la angosta condición de ser mortales, no acertaríamos a tomar conciencia clara de que el universo en la nada se sostiene y hace más deslumbrante esta belleza. ¿La recuerdas? Oímos su luz dibujando la perfección que puso en marcha el universo.

Estupendo dueto he disfrutado, el universo y sus misterios se abren ante mis ojos magistralmente.
Excelente acoplo de voces y pensamientos.
Felicidades y mi admiración por el conjunto que compone su trabajo, redacción, narración, presentación y mi bendición.
 
Estupendo dueto he disfrutado, el universo y sus misterios se abren ante mis ojos magistralmente.
Excelente acoplo de voces y pensamientos.
Felicidades y mi admiración por el conjunto que compone su trabajo, redacción, narración, presentación y mi bendición.
Mil gracias spring, por tu presencia y cálida huella.
 

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