A la pradera
¡Buenos días pradera!, qué frescura me brindas
brotando de tu cuerpo dorado, aceitunado
el beso perfumado que dispersa la brisa
suave y madrugadora con los primeros rayos
mientras el río en su sonoridad, se desliza
entre los ruiseñores poetas recitando
gráciles y apacibles versos al añil día.
Parece como si te hubiesen retratado
a golpe de paleta cuya escobilla fina
trazaba tonos suaves, pasteles, dando al campo
un aire de sosiego con gasas blanquecinas
que por el sempiterno, céfiro va dejando
sacando de mi esencia ríos de poesías
en una paz intensa, profunda cual mar calmo.
¡Buenos días pradera!, mi alma se hinche de vida
al inhalar el vaho de tus frondosos pastos
que poco a poco emerge besando mis mejillas;
sensación inefable, me siento estar flotando
sobre tu cuerpo al ritmo que propone la brisa
y delicadamente me deja en tu escenario
rodeado de aromas, saciándome la vista.
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Se va pasando el día, la noche está llegando
en silencio y callada con su melancolía.
Poco a poco, de sombras se va llenando el prado,
los pastos danzan con el viento en dulce armonía,
van y vienen esencias extendiendo su manto,
nada turba la calma pálida en la campiña...
y el azul, se despide con tonos delicados.
A lo lejos, el aura de la capital brilla
los pájaros callaron su melodioso canto...
¡Ah!, no sé si las noches serán siempre las mismas
mas si sé que esta noche me guardaré su encanto.
Entre el verdor, el río merma su melodía
y sobre él , la luna ya se halla dormitando.
Luis
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