(A una amiga ciega)
Duermen aquellos ojos
tan tiernamente azules
como cielo en calma
sobre un diván de dudas,
y aún dormidos,
a veces lloran,
a veces gritan
y a veces sueñan
la lejanía de las sombras
que encierran el mundo
en la yema de sus dedos
y sus pasos inciertos
en su bastón blanco.
Y en ese instante vuela
libre su pensamiento
para ver las olas,
y el Sol que dicen,
se acuesta entre sus aguas;
los labios que pronuncian
tan dulcemente un "te amo"
y las manos que acarician
el alma confundida
algunas noches de lágrimas...
reluce el cristal de sus ojos
y se aviva la esperanza
silenciada en sus entrañas.
Duermen aquellos ojos
tan tiernamente azules
como cielo en calma
sobre un diván de dudas,
y aún dormidos,
a veces lloran,
a veces gritan
y a veces sueñan
la lejanía de las sombras
que encierran el mundo
en la yema de sus dedos
y sus pasos inciertos
en su bastón blanco.
Y en ese instante vuela
libre su pensamiento
para ver las olas,
y el Sol que dicen,
se acuesta entre sus aguas;
los labios que pronuncian
tan dulcemente un "te amo"
y las manos que acarician
el alma confundida
algunas noches de lágrimas...
reluce el cristal de sus ojos
y se aviva la esperanza
silenciada en sus entrañas.