Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sueño enredarme contigo
en un futuro perfecto
como si lo predilecto
fuera el sol de tu postigo.
Darte son en lo que digo
y rostro donde mirarte,
tras mi pecho conservarte
sacrosanto y predispuesto
a explicarme lo qué es esto
de morir para alcanzarte.
Temo no andar tu sendero
de tanto andar mi camino,
no sentirme peregrino
tras tus pasos, Carpintero.
Deshonrarme pendenciero
a golpes contra mí mismo
desperdiciando el lirismo
que atesora mi existencia,
condenado a la indecencia
con la pena del Abismo.
Sueño sanar a tu lado
tomando tu medicina,
no ser carnal plastilina
y en la senda aniquilado.
No llegarme acobardado
hasta el quicio de tu puerta
cuando el alma, cosa cierta,
se me muestra generosa
invitando deleitosa
a pasar por puerta abierta.
Temo no verme prendido
por la intención de tu mano,
por el cielo que galano
me lleva a un cielo encendido.
Temo andar como perdido
entre el Mal y la derrota,
con la boca en bancarrota
y la sien bañada en muerte,
desahuciada de tal suerte
que de infierno se abarrota.
¡A veces la paz se agota!
en un futuro perfecto
como si lo predilecto
fuera el sol de tu postigo.
Darte son en lo que digo
y rostro donde mirarte,
tras mi pecho conservarte
sacrosanto y predispuesto
a explicarme lo qué es esto
de morir para alcanzarte.
Temo no andar tu sendero
de tanto andar mi camino,
no sentirme peregrino
tras tus pasos, Carpintero.
Deshonrarme pendenciero
a golpes contra mí mismo
desperdiciando el lirismo
que atesora mi existencia,
condenado a la indecencia
con la pena del Abismo.
Sueño sanar a tu lado
tomando tu medicina,
no ser carnal plastilina
y en la senda aniquilado.
No llegarme acobardado
hasta el quicio de tu puerta
cuando el alma, cosa cierta,
se me muestra generosa
invitando deleitosa
a pasar por puerta abierta.
Temo no verme prendido
por la intención de tu mano,
por el cielo que galano
me lleva a un cielo encendido.
Temo andar como perdido
entre el Mal y la derrota,
con la boca en bancarrota
y la sien bañada en muerte,
desahuciada de tal suerte
que de infierno se abarrota.
¡A veces la paz se agota!