Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estas divagaciones están inspiradas
y dedicadas para los que piensan...
"el que no trabaja es porque no quiere",
"no tendrían que recibir ayudas", etc...
y lo manifiestan con vehemencia.
y dedicadas para los que piensan...
"el que no trabaja es porque no quiere",
"no tendrían que recibir ayudas", etc...
y lo manifiestan con vehemencia.
"Divagaciones de un parado"
Últimamente pienso que, en esta sociedad,
si alguien está parado pero está sonriente
pasa a ser un chalado, gusano impertinente
que no es digno de ayuda, compasión o bondad.
No comprende su angustia, mostrándose mezquina
cuando hasta de bombero torero, tan iluso,
e igual devoción que tiene al vodka un ruso
se registró en el paro listo para la mina.
Te asomas al abismo pasados los cincuenta
con extenso bagaje, con lustros de experiencia,
mi consejo sería buena cara y paciencia,
pero amigo... "con el trabajo no eches cuenta".
Últimamente pienso que, en esta sociedad,
si alguien está parado pero está sonriente
pasa a ser un chalado, gusano impertinente
que no es digno de ayuda, compasión o bondad.
No comprende su angustia, mostrándose mezquina
cuando hasta de bombero torero, tan iluso,
e igual devoción que tiene al vodka un ruso
se registró en el paro listo para la mina.
Te asomas al abismo pasados los cincuenta
con extenso bagaje, con lustros de experiencia,
mi consejo sería buena cara y paciencia,
pero amigo... "con el trabajo no eches cuenta".
* Muchos recordaréis el espectáculo que recorría los pueblos de España hasta no hace demasiado tiempo.
En esencia consistía en que una decena de afectados por una enfermedad, el enanismo, se enfrentaban vestidos de toreros a vaquillas que les triplicaban en tamaño y peso.
Pasaba de todo en la plaza, muchas veces improvisada.
Las vaquillas tiraban a los enanos por los aires y estos se vengaban haciéndoles todo tipo de canalladas.
El público se partía de risa.
En esencia consistía en que una decena de afectados por una enfermedad, el enanismo, se enfrentaban vestidos de toreros a vaquillas que les triplicaban en tamaño y peso.
Pasaba de todo en la plaza, muchas veces improvisada.
Las vaquillas tiraban a los enanos por los aires y estos se vengaban haciéndoles todo tipo de canalladas.
El público se partía de risa.
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