Antomar Alas
Poeta recién llegado
Se me derrumba toda
la savia dentro de las
cuencas de los ojos.
Ya no sé qué vivir, ya no sé
qué pensar.
Es cierto que he caminado
tanto… pero los días se
me achican y todo se frunce
en final que no huele ni recuerda.
Se me derrama toda la sangre
en esfuerzos tradicionales,
de preservar la poca savia
que aun cuelga de mis ojos.
Son solo miles de días, y…
el fallecimiento me abrasa
y me cuelga en la nube de la
rareza.
la savia dentro de las
cuencas de los ojos.
Ya no sé qué vivir, ya no sé
qué pensar.
Es cierto que he caminado
tanto… pero los días se
me achican y todo se frunce
en final que no huele ni recuerda.
Se me derrama toda la sangre
en esfuerzos tradicionales,
de preservar la poca savia
que aun cuelga de mis ojos.
Son solo miles de días, y…
el fallecimiento me abrasa
y me cuelga en la nube de la
rareza.
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