Bajo los grandes cielos,
arropada de sombras
o por dorados besos,
el alma se abre y cierra
al son que mandan vientos.
Pasan las intemperies
de los viejos recuerdos
a lomos de pegasos
entre fríos luceros
o manantiales de iris
que va poniendo el tiempo
hasta desvanecerse
dejando solo el eco.
Desgarro de las nubes
al corazón desierto;
El aire riza el alma
sin ojos en el cielo...
y en la húmeda tarde,
yo, penado veo,
llamas de fuego y sombras,
ilusiones y besos
en veladas bonanzas...
y al corazón perderse
en una flor de fuego.
Luis
Última edición: