A veces mi alma está serena,
todo fluye como acariciado por aceite
y mis ojos salen más al exterior,
disfrutan, y se paran en lo que les rodea.
Mis labios hablan con cualquiera,
y con cualquiera se ríen.
Hasta con la lluvia
que tanto me entristecía
me complazco,
porque riega mi huerta.
Pero hay días
que un puñal hiere mi corazón,
y todo hierve,
todo es denso, furioso,
el cielo se pinta de rojo,
y en mi pecho se descomponen simientes
que hacía poco eran apacibles,
y como cuando abonan el campo,
todo a mi alrededor hiede,
es turbio y fuerte.
Es necesario que pase el tiempo,
que el agua venga
y que el sol caliente,
para que, como del abono,
surjan las plantas con fuerza,
y, como el fermento del mosto,
haga trasparente su fondo;
que el azúcar se convierta en alcohol
y no sea tan dulce,
pero cure las heridas
y alegre el alma,
como la vida.
Es necesario sentir todos los momentos,
saborearlos,
como el amargor del cianuro
que penetra en la lengua
y nada lo quita,
o como el agridulce de una naranja
fresca como una fuente
y que te deja el anhelo de otra,
como una noche de amor sincero
de las que se guarda su sabor siempre
y siempre que se repite
cala en el alma,
dejándola flotando
hasta la mañana siguiente.
Hoy brindo por la vida
con la suavidad de tus caricias
y con la pena de una muerte,
con la hipnosis de una candela,
con la alegría de una nevada
en una casa caliente.
Brindo por la vida
hasta que la luz me la quite de mis ojos
para siempre.
todo fluye como acariciado por aceite
y mis ojos salen más al exterior,
disfrutan, y se paran en lo que les rodea.
Mis labios hablan con cualquiera,
y con cualquiera se ríen.
Hasta con la lluvia
que tanto me entristecía
me complazco,
porque riega mi huerta.
Pero hay días
que un puñal hiere mi corazón,
y todo hierve,
todo es denso, furioso,
el cielo se pinta de rojo,
y en mi pecho se descomponen simientes
que hacía poco eran apacibles,
y como cuando abonan el campo,
todo a mi alrededor hiede,
es turbio y fuerte.
Es necesario que pase el tiempo,
que el agua venga
y que el sol caliente,
para que, como del abono,
surjan las plantas con fuerza,
y, como el fermento del mosto,
haga trasparente su fondo;
que el azúcar se convierta en alcohol
y no sea tan dulce,
pero cure las heridas
y alegre el alma,
como la vida.
Es necesario sentir todos los momentos,
saborearlos,
como el amargor del cianuro
que penetra en la lengua
y nada lo quita,
o como el agridulce de una naranja
fresca como una fuente
y que te deja el anhelo de otra,
como una noche de amor sincero
de las que se guarda su sabor siempre
y siempre que se repite
cala en el alma,
dejándola flotando
hasta la mañana siguiente.
Hoy brindo por la vida
con la suavidad de tus caricias
y con la pena de una muerte,
con la hipnosis de una candela,
con la alegría de una nevada
en una casa caliente.
Brindo por la vida
hasta que la luz me la quite de mis ojos
para siempre.