La vieja casa
Cuánto tiempo ha pasado,
de aquel día que vi la luz primera,
cuánto tiempo y la casucha vieja
sigue ahí, aunque no me espera.
Ya no me espera porque es de otro dueño,
pero guarda un puñado de mis versos,
la fuente de mis lágrimas ya secas,
si las recuerdo pronto se humedecen.
Guarda punzadas de un corazón tierno,
guarda las ansias de esperanzas muertas,
guarda las ilusiones, guarda sueños,
y en la ruda vetustez de sus paredes
registra mis gemidos…..
un tanto desgastados por el tiempo.
Volver quisiera, mirarle aunque de lejos,
tropezar en los embrujos de la historia
recogiendo el cimiento de la infancia;
sembrar las hortalizas… ¡que añoranza!
El horno para el pan, en el que un día
fue asado al fuego lento de mi plata,
plata ganada con sudor de niño
vendiendo caramelos en la plaza…
de aquello, siguen vivos los recuerdos.
La viga con el cerdo ya colgado,
después de una copiosa chamuscada
para empezar haciendo feria al cuero.
Imaginativamente lo revivo,
es tan real, que lejos de ser sueño,
siento apetito por esa fritada.
Ramiro Ponce P.
Me ha gustado mucho este poema tuyo, Ramiro. Ese homenaje a la vieja casa donde los colores y los aromas vuelven a la mente en forma de recuerdos. Enhorabuena. Fuerte abrazo, junto a mi aplauso y a mi felicitación, poeta