CELESTE MITOCONDRIA
Resbala de mis ojos
una sílaba
que atraviesa los labios
cual remoto horizonte
rasguñando un otoño
clavado en la llambria
de un segundo invisible.
Sale la sombra y pasea
desde mi frente hasta tu ombligo,
desde la celeste mitocondria
vaciada por tus ojos
hasta el ojal de sesgadas convulsiones.
A viva voz te llaman los pájaros
que dejan su aroma
entre las ramas:
silencio insostenible
en este clímax
de nardo oscurecido
donde ya tu sombra hallarme no puede.
Todo acontece en el tardío silencio:
calles abiertas y palpito en las flores;
a lento ritmo viajan las abejas
como si el mundo estuviera cansado
como si el olvido cruzara por el bullicio
de un enjambre desconocido.
EBAN