Misi
Tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
Jorge Luis Borges
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
Jorge Luis Borges
Polizón de mochila sin bandera,
con tu aspecto de lince impresionante,
llegaste aquel verano sofocante
dispuesto a defenderte de cualquiera.
Tu pelambre, atigrado en su tersura,
invita a la caricia que apacigua
y un enigma de esfinge egipcia antigua
en tus ojos, hermosa crïatura.
Buscamos para ti nombres gloriosos,
mas nunca respondiste a ninguno;
eran tus pasos suaves, sigilosos...
Jamás me resultaste inoportuno;
tu distancia, el reflejo de la mía,
y juntos compartimos anarquías.
II
Tú fuiste de mis versos escribano,
observabas atento mi escritura
en mis noches de amargas desventuras...
¡Y lo extraño se hizo cotidiano!
Tú secabas mis lágrimas, cercano.
¿Quién negó de los gatos su ternura?
tu caricia en mi rostro, ¡qué ventura!,
fue un gesto que de pronto te hizo humano.
Ni del célebre Hemingway el Boisé
ni a Cortázar su gato callejero,
ni al de Borges su célibe blancura.
A ninguno envidié su compañero,
ni el mágico consuelo que encontré
a tu lado en mi larga noche oscura.
con tu aspecto de lince impresionante,
llegaste aquel verano sofocante
dispuesto a defenderte de cualquiera.
Tu pelambre, atigrado en su tersura,
invita a la caricia que apacigua
y un enigma de esfinge egipcia antigua
en tus ojos, hermosa crïatura.
Buscamos para ti nombres gloriosos,
mas nunca respondiste a ninguno;
eran tus pasos suaves, sigilosos...
Jamás me resultaste inoportuno;
tu distancia, el reflejo de la mía,
y juntos compartimos anarquías.
II
Tú fuiste de mis versos escribano,
observabas atento mi escritura
en mis noches de amargas desventuras...
¡Y lo extraño se hizo cotidiano!
Tú secabas mis lágrimas, cercano.
¿Quién negó de los gatos su ternura?
tu caricia en mi rostro, ¡qué ventura!,
fue un gesto que de pronto te hizo humano.
Ni del célebre Hemingway el Boisé
ni a Cortázar su gato callejero,
ni al de Borges su célibe blancura.
A ninguno envidié su compañero,
ni el mágico consuelo que encontré
a tu lado en mi larga noche oscura.
Archivos adjuntos
Última edición: