Mi Muñeca

Edouard

Poeta adicto al portal
Semejante a un abismo de neones es el fulgor salvaje de tus negros ojos abiertos. Ahí cohabitan el orgullo y la cruel concupiscencia. Tu piel, tostada al sol del mes de mayo, es una lustrosa alfombra floreada con toda clase de flores del desaparecido paraíso terrenal. La música vacua que se desprende de tu tenue boca de ninfa convertida en romero es la alegría estática de un pecho enardecido. Curtido en batallas de rasgado manto carmesí. Y cuando la luna hace acto de presencia. Con esa cornamenta sagrada - cual toro celestial en nocturnidad embadurnada con el grasiento betún del obscuro firmamento - es entonces cuando dedicas unas fugitivas horas de pendular tiempo moreno a esparcir brillantina sobre mi largo pelo. Ensortijado y aquietado en una profunda mar; de eternidad recalcitrante. Entonces, te vuelvo a observar. Y para mi delicada conmoción, aprecio que te has transfigurado en lo que por capricho siempre quisiste. En una muñeca de cera que arde en el núcleo de mis pasiones más prohibidas.
 
Semejante a un abismo de neones es el fulgor salvaje de tus negros ojos abiertos. Ahí cohabitan el orgullo y la cruel concupiscencia. Tu piel, tostada al sol del mes de mayo, es una lustrosa alfombra floreada con toda clase de flores del desaparecido paraíso terrenal. La música vacua que se desprende de tu tenue boca de ninfa convertida en romero es la alegría estática de un pecho enardecido. Curtido en batallas de rasgado manto carmesí. Y cuando la luna hace acto de presencia. Con esa cornamenta sagrada - cual toro celestial en nocturnidad embadurnada con el grasiento betún del obscuro firmamento - es entonces cuando dedicas unas fugitivas horas de pendular tiempo moreno a esparcir brillantina sobre mi largo pelo. Ensortijado y aquietado en una profunda mar; de eternidad recalcitrante. Entonces, te vuelvo a observar. Y para mi delicada conmoción, aprecio que te has transfigurado en lo que por capricho siempre quisiste. En una muñeca de cera que arde en el núcleo de mis pasiones más prohibidas.


Deja abierta una dimensión inquietante...

He disfrutado el relato, gracias!

Palmira
 
Semejante a un abismo de neones es el fulgor salvaje de tus negros ojos abiertos. Ahí cohabitan el orgullo y la cruel concupiscencia. Tu piel, tostada al sol del mes de mayo, es una lustrosa alfombra floreada con toda clase de flores del desaparecido paraíso terrenal. La música vacua que se desprende de tu tenue boca de ninfa convertida en romero es la alegría estática de un pecho enardecido. Curtido [entiendo que «Curtido» refiere a «pecho»: cambiaría el punto que le precede por coma, para que se entienda] en batallas de rasgado manto carmesí. Y cuando la luna hace acto de presencia. [cambiaría por coma este punto] Con esa cornamenta sagrada - cual toro celestial en nocturnidad embadurnada con el grasiento betún del obscuro firmamento - es entonces cuando dedicas unas fugitivas horas de pendular tiempo moreno a esparcir brillantina sobre mi largo pelo. [cambiaría este punto por coma] Ensortijado y aquietado en una profunda mar;[eliminaría el punto y coma] de eternidad recalcitrante. Entonces, te vuelvo a observar. Y[falta aquí una coma] para mi delicada conmoción, aprecio que te has transfigurado en lo que por capricho siempre quisiste. En una muñeca de cera que arde en el núcleo de mis pasiones más prohibidas.

Me han gustado estos borbotones de tu prosa poética, un tanto surrealista. Quizás fuiste tú, en este ataque de pasión, quien la transformó en muñeca...

Te dejo algunas notas en la cita, entre corchetes.

abrazo
J.
 

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