Buscando el olvido me hablaron de nuevo
las voces silentes de los viejos pinos,
que dieron un día refugio a mis penas,
y hoy solo son sombras de un tiempo vencido.
No escucho, a mi paso, quejarse a las hojas,
ni el viento me silba, ni me canta el mirlo.
Soy solo esa sombra que el alba diluye
y al morir la noche se vuelve rocío,
que besa la tierra, el tallo y la rosa;
que tiñe de verde un nuevo camino.
Romance heróico en dodecasílabos con hemistiquios 6/6
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