• 📢 Nuevo: Hazte Mecenas — sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. | Mi Libro de Poesía | Métrica Española (beta)
  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Confieso

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

CONFIESO


Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta,
¿cómo te atreves a matarme?, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo; como mucho
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan

 
Última edición:
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las veces que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero,
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan

Un trabajo superior, Andreas, de los que lo dejan a uno maravillado y preguntándose por qué no te prodigas más.

Comienzas con esos endecasílabos y heptasílabos a manera de una silva libre de rima para llevarnos, al final, a la culminación con ese soneto que termina de forma maravillosa en su último terceto.

No, Andreas, no te pierdas un solo amanecer, que en sus diferentes tonos de carmines ¡todos son distintos!

Un abrazo, amigo. Ha sido un verdadero placer esta lectura.
 
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las veces que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo (a) comprender *
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero,
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Un poema sublimemente hermoso, Andreas. Ha sido una verdadera bendición volver a encontrarme con una poesía de estas cualidades, escrita con tan buen gusto y de una inigualable pulcritud. Has logrado expresar tu arte poético con una sabiduría y un desenvolvimiento fuera de serie. En un mundo tan decadente como este, es realmente un consuelo encontrarse con una muestra poética de tan empinada altura. Gracias, amigo mío, por devolverme la fe en los poetas y en la poesía verdadera.
Un abrazo.

Posdata: volveré luego, in extenso, para seguir platicando del poema.
 
Última edición por un moderador:
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las veces que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero,
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Me quedo con el poderoso cierre, no podría imaginar otra cosa sin él, un honor leerte, besos
 
Un trabajo superior, Andreas, de los que lo dejan a uno maravillado y preguntándose por qué no te prodigas más.

Comienzas con esos endecasílabos y heptasílabos a manera de una silva libre de rima para llevarnos, al final, a la culminación con ese soneto que termina de forma maravillosa en su último terceto.

No, Andreas, no te pierdas un solo amanecer, que en sus diferentes tonos de carmines ¡todos son distintos!

Un abrazo, amigo. Ha sido un verdadero placer esta lectura.

¡Hola, Juan! Me alegra enormemente que te gusten estos versos.
Todos los amaneceres son distintos, sí señor, y en tu tierra atesoran una belleza salvaje.
Un abrazo, y nos vamos comentando.
 
Un poema sublimemente hermoso, Andreas. Ha sido una verdadera bendición volver a encontrarme con una poesía de estas cualidades, escrita con tan buen gusto y de una inigualable pulcritud. Has logrado expresar tu arte poético con una sabiduría y un desenvolvimiento fuera de serie. En un mundo tan decadente como este, es realmente un consuelo encontrarse con una muestra poética de tan empinada altura. Gracias, amigo mío, por devolverme la fe en los poetas y en la poesía verdadera.
Un abrazo.

Posdata: volveré luego, in extenso, para seguir platicando del poema.

Querido Elhi, me alegra sobremanera tu opinión con respecto a estos versos que publico.
Difícil equilibrio entre ese mirar solo hacia atrás y el vivir en una eterna cascada de planes, perdiéndonos nuestro «ahora».
Gracias a ti por tu lectura, compañero. Espero que todo vaya bien.
Estamos en contacto.
Un abrazo.
 
...Y es que hay asesinatos muy sanos, jeje. Magnífico poema, Andreas, en todos sus aspectos: atractivo, mensaje, ingenio, calidad poética, actual... Lo dicho, que me ha encantado, querido amigo. Otra joya más para tu excelso repertorio.
Mis aplausos, compañero, y muy contento de volverte a leer. Un gran abrazo!
 
...Y es que hay asesinatos muy sanos, jeje. Magnífico poema, Andreas, en todos sus aspectos: atractivo, mensaje, ingenio, calidad poética, actual... Lo dicho, que me ha encantado, querido amigo. Otra joya más para tu excelso repertorio.
Mis aplausos, compañero, y muy contento de volverte a leer. Un gran abrazo!

¡Luis! Qué gusto saludarte, amigo... Me alegra mucho que te gustase este puñado de versos.
A ver si me pongo las pilas y nos vamos viendo más, compañero.
Un abrazo, y gracias por tu lectura.
 
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero,
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan





Realmente exquisito. De lo mejor que he leído por aquí, querido amigo. Te felicito.


Un fuerte abrazo.
 
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Siempre fuiste un poeta exquisito Andreas, ya te echaba de menos. Desde ese extraordinario comienzo, uno ya sabe que está ante algo poderoso, que nos sorprende y atrapa y entonces se siente la fortuna de respirar esa bocanada de aire puro que nos llega de tu desbordante inspiración. Realmente es un placer leer algo tan fuera de lo cumún. Todo el recorrido es hemoso.
Si son maravillosos los amaneceres, yo soy testigo. Bendita Inspiracion.
Gracias por compartir con nosotros este lujo de lectura.
Un abrazo con admiración y afecto,
Isabel
 
Siempre fuiste un poeta exquisito Andreas, ya te echaba de menos. Desde ese extraordinario comienzo, uno ya sabe que está ante algo poderoso, que nos sorprende y atrapa y entonces se siente la fortuna de respirar esa bocanada de aire puro que nos llega de tu desbordante inspiración. Realmente es un placer leer algo tan fuera de lo cumún. Todo el recorrido es hemoso.
Si son maravillosos los amaneceres, yo soy testigo. Bendita Inspiracion.
Gracias por compartir con nosotros este lujo de lectura.
Un abrazo con admiración y afecto,
Isabel

El gusto es mío por tu paso, Isabel... Gracias por tu ternura.
Feliz entrada al otoño, compañera.
Otro abrazo fuerte para ti.
 
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Coincido con Juan Ramón. Ha sido refrescante haber leído algo así esta mañana. Mis aplausos de pie.
Gus
 
Un puro Andreas alimentando la sed de los náufragos, chopos en las orillas de la vida, amaneceres en las orillas de la mar del deseo. El soneto de cierre me parece de antología, honestamente hablando, aunque también me sigue gustando mucho tu coloquial estilo en la silva que lo precede.

Te dejo alguna observación en la cita

un gran abrazo y viento a esas velas
Jorge

CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo, (faltan ¿? encerrando desde «cómo» hasta «atreverme»)
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho, (preferiría punto, o punto y coma, después de «amigo», y eliminaría la coma final)
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
 
Última edición:
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta
cómo te atreves a matarme, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo, como mucho,
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan

Que maravilla, compañero, un placer disfrutar estos versos, esta historia y esta manera suya, mi felicitación y mi respeto. Un saludo.
 
Un puro Andreas alimentando la sed de los náufragos, chopos en las orillas de la vida, amaneceres en las orillas de la mar del deseo. El soneto de cierre me parece de antología, honestamente hablando, aunque también me sigue gustando mucho tu coloquial estilo en la silva que lo precede.

Te dejo alguna observación en la cita

un gran abrazo y viento a esas velas
Jorge

¡Querido, Jorge! ¿Qué tal andas, compañero?
Me alegro de que te gustara el poema; un poema que escribí de paseo en paseo y que lo de menos fue transcribirlo. Ya sabes que es un tema, el de los recuerdos, muy recurrente en mis pensamientos, jaja.
Modificados los defectos de puntuación que me indicabas. Gracias.
Un abrazo fuerte.
 
Un poema muy arriesgado, del que destaco su honradez, su hondura y su esencia anfibia. Era muy difícil encajar un soneto en una silva de versos blancos, pero tú lo consigues a base de hachazos que van directos al corazón. Brillante.

¡Querido, Luis! Mucha ilusión por tu paso y comentario...
Quedo muy satisfecho con la alusión a la «honradez» de los versos. Quizá un principio necesario para todo lo demás.
Un abrazo.
 
CONFIESO

Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta,
¿cómo te atreves a matarme?, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».

Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.

A estas alturas nada
quedará de mi amigo; como mucho
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.

No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:

Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.

Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?

¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.

Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.

En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Muy bueno, gracias por compartir.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba