kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
CONFIESO
Confieso que he matado.
Casi diría que con cierto afecto
recuerdo aquel cadáver boca arriba
al borde de su hoyo junto al río.
El tiempo se exiliaba de su cuerpo
molido en una niebla de segundos.
¡Cómo brillaban sus canicas zarcas
en el cielo nocturno de su rostro!
Os puedo prometer que si os mostrase
una fotografía del momento
ciertamente que pocos
lo darían por fiambre.
Ahí, tumbado sobre los helechos,
con su mirada enmudecida y torva
gritándome: «serás hijo de puta,
¿cómo te atreves a matarme?, yo,
que todo te he enseñado en esta vida».
Empuñando la pala con firmeza
lo arrojé a los colmillos del sustrato
y lacré su existencia con arcilla.
A estas alturas nada
quedará de mi amigo; como mucho
un lejano recuerdo de materia
en los tejidos de los chopos blancos
que crecieron al poco en la ribera.
Lo maté... pero cuánto lo quería.
No son pocas las tardes que me acerco
en silencio al arroyo de mi vida
y alzando la mirada hacia las peñas
en su perfil alcanzo a comprender
que el pasado es la droga del futuro.
Entonces me recuerdo
y, bajo aquellos chopos, le recito
estos versos que siguen:
Al humano palíndromo que somos
a veces se le olvida su tintero
y se va transformando en un perchero
de lejanos ayeres monocromos.
Por escribir me quedan muchos tomos:
¿acaso busco ser el relojero
de aquel mundo sin tiempo? ¿acaso quiero
que mis puertas se queden sin sus pomos?
¡No!, ¡no quiero!, y por eso hice arder
a mi humano marchito de pasado
de tanta luz azul que vio llover.
Navego ahora con el paño izado
y no me pierdo un solo amanecer,
...al carmín de su luz encomendado.
En Madrid, a 23 de septiembre de 2017
Kalkbadan
Última edición: