Aunque la primavera era mi esencia,
me fue tempranamente arrebatada,
traje del inframundo la experiencia
y en la boca el sabor de la granada.
Hay una niña eterna en la inocencia
de la mujer que espera ser amada
y es su verdad, sagrada reverencia,
a ese amor que trasciende su mirada.
Cuando me vuelvo gris todo perece,
cruzo el estéril campo del tormento,
soy solo dudas, sombras que me asombran.
¡Regreso entre los versos que me nombran!
sus doradas semillas siembra el viento
sobre mi piel desnuda que florece.
Archivos adjuntos
Última edición: