danie
solo un pensamiento...
Yo siempre dije
que la vida es como una autopista que conecta a varios caminos.
El problema se encuentra en que no todos los caminos
están señalados con un cartel luminoso ( y algunos por más que lo estén,
somos tan ciegos que para nosotros son invisibles)
y cuando nos damos cuenta que pasamos algún destino de estos,
intenta tú dar la vuelta y retomarlo sin hacer un desastre.
Así andamos acumulando caminos que no transitamos,
atajos en la noche
que conducen a bares de mala muerte
(insomnio demasiado borracho y putas que son sólo la ilusión
de una sonrisa orgásmica en el espejo).
Tampoco hay que olvidarse de los malditos peajes;
esos que pagamos con creces (seguramente;
las cuotas más altas son las de los miserables nostálgicos,
los soñadores que se creen pájaros libres y se echan a volar
para estrellarse en los parabrisas). Sé lo que estoy diciendo,
yo fui uno de esos pajarracos encandilado por los faroles
de una morocha que conducía de contramano.
La caída siempre es dolorosa y la experiencia,
la experiencia es sólo una repetitiva historia de cómo ser un idiota
para cada vez caer más hondo.
Y luego, un día/noche, nos remojamos de más en ginebra,
sacamos del viejo saco las pastillas
y hartos de manejar a ningún sitio detenemos el auto para
lanzarnos del puente.
Sin duda, no es lo mejor que tenemos, pero es nuestro paraíso que pagamos
y por derecho nadie nos lo puede quitar.
que la vida es como una autopista que conecta a varios caminos.
El problema se encuentra en que no todos los caminos
están señalados con un cartel luminoso ( y algunos por más que lo estén,
somos tan ciegos que para nosotros son invisibles)
y cuando nos damos cuenta que pasamos algún destino de estos,
intenta tú dar la vuelta y retomarlo sin hacer un desastre.
Así andamos acumulando caminos que no transitamos,
atajos en la noche
que conducen a bares de mala muerte
(insomnio demasiado borracho y putas que son sólo la ilusión
de una sonrisa orgásmica en el espejo).
Tampoco hay que olvidarse de los malditos peajes;
esos que pagamos con creces (seguramente;
las cuotas más altas son las de los miserables nostálgicos,
los soñadores que se creen pájaros libres y se echan a volar
para estrellarse en los parabrisas). Sé lo que estoy diciendo,
yo fui uno de esos pajarracos encandilado por los faroles
de una morocha que conducía de contramano.
La caída siempre es dolorosa y la experiencia,
la experiencia es sólo una repetitiva historia de cómo ser un idiota
para cada vez caer más hondo.
Y luego, un día/noche, nos remojamos de más en ginebra,
sacamos del viejo saco las pastillas
y hartos de manejar a ningún sitio detenemos el auto para
lanzarnos del puente.
Sin duda, no es lo mejor que tenemos, pero es nuestro paraíso que pagamos
y por derecho nadie nos lo puede quitar.
Última edición: