No es asunto mío

Fingal

Poeta adicto al portal
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017
 
Así actúan las máquinas. Porque somos hombres-máquina, para una mujer-cósmica.


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Última edición:
Me gustó leerte.
Un placer.
Feliz año Nuevo...ya quedan horas para acabar un año y empezar el 2018
Espero poder leer muchos poemas tuyos
Un gran saludo!!!!

josejuan
 
Así actúan las máquinas. Porque somos hombres-máquina, para una mujer-cósmica.

Las máquinas actúan según se las programe. Y creo que nosotros, los humanos, también. Eso sí, creo que tenemos varios programas funcionando a la vez y por eso el resultado puede ser muy variado. Estoy convencido de que tenemos cierta capacidad de reprogramarnos; es decir, moderar los comportamientos que dictan los instintos que tenemos grabados, o elegir a qué instintos queremos hacer más caso.
 
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017

Qué pena! Así es. Nos hemos acostumbrado a verlos y son un mobiliario más de nuestras ciudades, como un semáforo, un banco o un fito, incluso, puede que a alguien, si no los viera, los echara de menos...
Al leer tu poema me doy cuenta de que existen y no son un mobiliario más...

Enhorabuena. Un saludo.
José I.
 
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017



He leído sobre un peluquero que destina su tiempo libre a cortar el pelo a los sin techo. Hay personas que se paran a conversar simplemente...
Conozco a uno al que un vecino le regaló una pequeña radio y cuando se le acaban las pilas, se las recarga en casa para que siempre tenga de repuesto.

A veces nos sentimos impotentes para solucionar la soledad o la situación a la que tiene que verse sometida una persona como la que describes pero no todo se soluciona con dinero, pequeños gestos pueden significar mucho.

Habituarnos a ignorar es lo que más miedo da, tal y como lo describes. La indiferencia hace mucho daño, de eso no tengo ninguna duda. Me temo que con el tiempo, también este comentario quedará en el olvido, lo mismo que el poema y las conciencias que se "activan" cuando se pone un asunto así sobre la mesa.

Un abrazo

Palmira
 
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017

Un poema descriptivo cargado de munición para despertar las conciencias. Me gustó. Abrazos.
 
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017
un poema reflexivo, grato leerte
 
Hay un hombre en la calle.

Tiene una barba gris,
un tetra brik de vino
y un carro de cartones.


Camina muy despacio.
Le faltan varios dientes.
Quizás está vestido.


Hay un hombre en la calle.

A veces toca música;
otras, tiende una manta,
frente al Primark, con bolsos,
gafas de sol, carteras,
collares y pendientes.


A veces tiene un perro
con los ojos más tristes
que los suyos y un plato
con dos o tres monedas.


A veces se arrodilla
en un vagón de metro
delante de otros hombres.


Hay un hombre en la calle.
Quizás estaba vivo.


Yo volveré a mi casa;
una casa con techo,
con luz, agua caliente,
lavadora, internet,
una televisión
donde sale mi actriz
favorita los lunes,
una nevera llena,
un armario con ropa,
una cama con sábanas
limpias y un colchón blando.


Dormiré en paz, sin sueños.


Álvaro del Prado
26 de noviembre de 2017
Ahí están y siento que cada vez son más. Pues dales un café... es una cosa espontánea que surge, no lo sé. Hace poco hice eso... porque me embargó ese sentimiento que refleja tu poema. Respecto al libro que me recomendaste... lo he buscado mucho y me temo que no está por estos lados... deberé encargarlo desde España. Tengo muchas ganas de leerlo. Un abrazo. Y por supuesto felicidades por tu reflexivo poema.
 

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