Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Enormes arbustos de otras esperanzas,
nacen de donde crecían mis abrazos;
antiguos vergeles de frondosos sueños
que ahora sucumben al empuje del aire
que converge en las sendas del rechazo;
van ensortijando las realidades soñadas,
a siglos de experiencias que llenan las manos
y regalan sin pudores, sus sexuales dardos.
Acuden al llamado de las nuevas edades,
corrientes de aguas fósiles de años;
sucumben a milenios de paciencias,
tornando en diamantes, los carbones negros
que aprietan sus cuerpos a su mundo lleno
de las ganas no perdidas de seguir andando;
ya sabios y maestros, los deshilachados tálamos,
como enormes arbustos de nuevas esperanzas,
ruedan por el suelo, con el viento y con los años...
nacen de donde crecían mis abrazos;
antiguos vergeles de frondosos sueños
que ahora sucumben al empuje del aire
que converge en las sendas del rechazo;
van ensortijando las realidades soñadas,
a siglos de experiencias que llenan las manos
y regalan sin pudores, sus sexuales dardos.
Acuden al llamado de las nuevas edades,
corrientes de aguas fósiles de años;
sucumben a milenios de paciencias,
tornando en diamantes, los carbones negros
que aprietan sus cuerpos a su mundo lleno
de las ganas no perdidas de seguir andando;
ya sabios y maestros, los deshilachados tálamos,
como enormes arbustos de nuevas esperanzas,
ruedan por el suelo, con el viento y con los años...