José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
CELDA COMPARTIDA
(A MÍ ME ENSALZAN Y A TI TE LAPIDAN)
Creo estar volviéndome loco,
incluso un poco paranoico.
Escucho a lo lejos una voz ajena
que perturba mi estancia y mi condena.
Quizá no esté solo en esta mazmorra.
Quizá me acompañen, otras almas en pena.
Estoy anclado a la pared
de esta oscura celda,
mazmorra húmeda y fría,
donde he acabado con mis huesos
por inconfesables tropelías
y donde presumo, que también
terminarán mis aciagos días.
La cadena de hierro forjado que me prende,
es prolongación de mi existencia,
que me soporta y reprende
por desoír a mi conciencia.
La pared es de roca diamantina
que exuda viscosa amargura
con un hedor nauseabundo
a descomposición fétida
y a muerte segura.
He vuelto a escuchar esa voz,
ese triste y desgarrador lamento.
No es... que me esté volviendo loco,
es una voz, desgarradora de dolor
y de tormento.
Proviene desde el otro lado
de la subterránea celda.
Es una voz de mujer
que pide piedad y clemencia.
Tras la tenebrosa oscuridad,
adivino una figura espectral difuminada,
de desnuda mujer,
atada también con cadenas
a esta horrible pared.
Dicen...
que es por ser mujer licenciosa,
porque a un hombre casado
le hizo el amor
por simple mercadeo,
sin recato y sin pudor.
Compartimos oscuridad,
fría celda
y su propia intimidad,
pero no compartimos las injusticias,
y mucho menos la igualdad.
Yo puedo recibir servicios de mujer,
pero ella, no los puede dar.
Encadenada está a la inmundicia
por esta absurda sociedad
que a la vez que la ensalza y corteja,
también la desaira y desprecia.
Presa está como yo en esta cueva, sí...
pero ella culpable, simplemente,
por ser mujer
en este mundo
de hipocresía extrema.
A mí por ser hombre,
ensalzan mi promiscuidad,
me alaban y me respetan.
A ella, por ser mujer,
denuestan su diversidad,
la ultrajan y etiquetan,
y en algunos lugares de este mundo
en este siglo veintiuno. Sí, ahora,
posiblemente en este mismo instante,
los mismos que las han violado…
con las manos manchadas de sangre,
les lanzan piedras y las están lapidando.
¡Qué rabia y asco de culturas y sociedades!
¡Ya no!
Ya no quiero salir de esta celda.
Quiero cumplir mis condenas,
por ser hombre también,
¿Y si la mujer lo es?
¡TAN CULPABLE COMO ELLA!
Madrid, 27 de Marzo de 2018
José Ignacio Ayuso Díez
José Ignacio Ayuso Díez