Vitruvius
Poeta recién llegado
Hacia el nocturno incienso de tu encanto
va palpitando el temple que me anima,
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor exangüe, mi Lepanto.
Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Asciendo sobre el mar de negaciones,
lo eterno se condensa en un instante.
Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano
de tinta, cuando espere algún consuelo.
Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro
y vuelve a tropezarse con el suelo.
va palpitando el temple que me anima,
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor exangüe, mi Lepanto.
Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Asciendo sobre el mar de negaciones,
lo eterno se condensa en un instante.
Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano
de tinta, cuando espere algún consuelo.
Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro
y vuelve a tropezarse con el suelo.
Última edición: