Negaciones

Vitruvius

Poeta recién llegado
Hacia el nocturno incienso de tu encanto
va palpitando el temple que me anima,
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor exangüe, mi Lepanto.

Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Asciendo sobre el mar de negaciones,
lo eterno se condensa en un instante.

Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano
de tinta, cuando espere algún consuelo.

Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro
y vuelve a tropezarse con el suelo.
 
Última edición:
Hacia el nocturno incienso de tu encanto
va palpitando el temple que me anima
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor dorado, mi Lepanto.

Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Las ruinas se me antojan esplendores
Lo eterno se condensa en un instante.

Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano
de tinta, cuando espere algún consuelo.

Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro
y vuelve a tropezarse con el suelo.
Me complace ser el primero en comentar tan extraordinario trabajo poético. Es una verdadera filigrana artística la que ha creado tu pluma, estimado Vitruvius. Solo un detalle técnico deberás corregir para superar esta primera fase del concurso, y es la falta de consonancia entre los versos 6 y 7 (-ones, -ores). La métrica de tus
endecasílabos es perfecta, el lenguaje elevado, y todo el poema una muestra innegable de refinamiento y buen gusto. Esperaré por la corrección.
 
Más vale pájaro en mano... o más vale ese instante donde se condensa lo eterno que ese futuro ilusorio tras el que corremos a los tropezones, estimado.

Buena tu métrica, buenas tus rimas (de cuartetos de rimas diferentes) salvo la de los versos 6 y 7, que no riman en consonante; bastante buenas la redacción y la ortografía, algunos detalles te señalaré en la cita.

abrazo
Jorge

Hacia el nocturno incienso de tu encanto
va palpitando el temple que me anima (coma final)
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor dorado, mi Lepanto. (no sé acá si has intentado un exagerado hipérbaton con «el fuego de tu calor dorado», o si sería más adecuado «me lastima con tu calor dorado»: tú dirás)

Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Las ruinas se me antojan esplendores (no corresponde mayúscula después de «:»; este verso no rima en consonante con el anterior; coma final)
Lo eterno se condensa en un instante. (minúscula inicial)

Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano (lindo encabalgamiento)
de tinta, cuando espere algún consuelo.

Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro (tienes acá acento en novena; a mí me parece tolerable, pero...)
y vuelve a tropezarse con el suelo.
 
Me complace ser el primero en comentar tan extraordinario trabajo poético. Es una verdadera filigrana artística la que ha creado tu pluma, estimado Vitruvius. Solo un detalle técnico deberás corregir para superar esta primera fase del concurso, y es la falta de consonancia entre los versos 6 y 7 (-ones, -ores). La métrica de tus
endecasílabos es perfecta, el lenguaje elevado, y todo el poema una muestra innegable de refinamiento y buen gusto. Esperaré por la corrección.
Estimado Elhi Deslue,
Se le agradece el candor de su comentario.
Corregida la rima disonante, posiblemente haya sacrificado en el poema algo de cohesión en aras de la forma. Así sea.
Cordiales Saludos,
Vitruvius
 
Magistral poema, me alegra que lo haya compartido para nuestro disfrute.

Cordial saludo.
 
Más vale pájaro en mano... o más vale ese instante donde se condensa lo eterno que ese futuro ilusorio tras el que corremos a los tropezones, estimado.

Buena tu métrica, buenas tus rimas (de cuartetos de rimas diferentes) salvo la de los versos 6 y 7, que no riman en consonante; bastante buenas la redacción y la ortografía, algunos detalles te señalaré en la cita.

abrazo
Jorge
Gracias Jorge por tu interés y tus correcciones de forma.
Un cordial abrazo,
Vitruvius
 
Hacia el nocturno incienso de tu encanto
va palpitando el temple que me anima,
el fuego que me tienta me lastima
de tu calor dorado, mi Lepanto.

Los ecos en tu aroma obnubilante
conjuran todas mis contradicciones:
Asciendo sobre el mar de negaciones,
lo eterno se condensa en un instante.

Mañana pensaré si ha sido en vano
todo este desangrar bajo mi mano
de tinta, cuando espere algún consuelo.

Más sabio, hoy sé que nunca habrá futuro
para el que corre en pos de un sentir puro
y vuelve a tropezarse con el suelo.

Somos la constitución de todos los golpes que nos da la vida, de todo lo bueno y lo malo que nos pasa, aún en el amor, donde la razón se ciega y cedemos espacio a la locura. Pero se sobrevive, a pesar de las malas elecciones que tomamos pues de ello, tarde o temprano se aprende.

Un soneto esmerado y cargado de sentimiento que logra sortear una idea entre catorce versos endecasílabos y salir airoso, aunque para ser sincero se requiere un cierto esfuerzo por entenderlo o por lo menos intentarlo; obviamente no es para nada sencillo hacerlo con las tantas limitaciones de la estructura.

Este soneto tiene mi APTO.

saludos.
 

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