Instante-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
En la luz, instante divino,

se mezclan el cuerpo y el espíritu;

adivinando, secuencias de sonido,

el alma fluye hasta las eternas alcancías:

dineros, sombríos gestos, taciturnos

mensajes, son derribados, despreciados,

en esta inmensa isla de silencio.

La luz, me destruye: asisto al nacimiento,

de mi sombra; la sombra, me deroga.

Parto de la luz, parto de la sombra,

hasta desvanecidos carteles ignominiosos,

de letrinas sucias, de pieles calcinadas,

mi luz, huye; mi sombra, elige signos.

Yo contemplo este eterno juego de ámbar

y dominios, mi cuerpo, en celeste herida,

mana su sangre, toro, buey, cárdeno y silente.

Expuesto rey detenido, el instante

pasa, transcurre, yo me hago pájaro

entre sus manos asediadas.

Existen tierras abolidas, manos

opulentas, devorando anillos espurios,

más allá de este instante, demorándose:

serpientes entrelazadas que buscan mi cuerpo.

Y la leche sangrienta, remitida carne,

penetra en el alba, como la voz de un grito:

esperma que, con mi voz, alza el eco y conversa.





©
 
Grandiosa obra has obsequiado amigo Ben. La pluma se desplaza por el papel con soltura y genio. Me ha gustado mucho y quedo en vela para mas ofertas de tu parte. Va un abrazote con calor del Caribe ...
 
En la luz, instante divino,

se mezclan el cuerpo y el espíritu;

adivinando, secuencias de sonido,

el alma fluye hasta las eternas alcancías:

dineros, sombríos gestos, taciturnos

mensajes, son derribados, despreciados,

en esta inmensa isla de silencio.

La luz, me destruye: asisto al nacimiento,

de mi sombra; la sombra, me deroga.

Parto de la luz, parto de la sombra,

hasta desvanecidos carteles ignominiosos,

de letrinas sucias, de pieles calcinadas,

mi luz, huye; mi sombra, elige signos.

Yo contemplo este eterno juego de ámbar

y dominios, mi cuerpo, en celeste herida,

mana su sangre, toro, buey, cárdeno y silente.

Expuesto rey detenido, el instante

pasa, transcurre, yo me hago pájaro

entre sus manos asediadas.

Existen tierras abolidas, manos

opulentas, devorando anillos espurios,

más allá de este instante, demorándose:

serpientes entrelazadas que buscan mi cuerpo.

Y la leche sangrienta, remitida carne,

penetra en el alba, como la voz de un grito:

esperma que, con mi voz, alza el eco y conversa.





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Me ha gustado, a veces pienso que vivimos en un instante que siempre se repite, el de tu poema tiene muchos más matices y lo has escrito con la soltura que ultimamente te caracteriza. Un abrazo amigo Ben. Paco.
 

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