BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la luz, instante divino,
se mezclan el cuerpo y el espíritu;
adivinando, secuencias de sonido,
el alma fluye hasta las eternas alcancías:
dineros, sombríos gestos, taciturnos
mensajes, son derribados, despreciados,
en esta inmensa isla de silencio.
La luz, me destruye: asisto al nacimiento,
de mi sombra; la sombra, me deroga.
Parto de la luz, parto de la sombra,
hasta desvanecidos carteles ignominiosos,
de letrinas sucias, de pieles calcinadas,
mi luz, huye; mi sombra, elige signos.
Yo contemplo este eterno juego de ámbar
y dominios, mi cuerpo, en celeste herida,
mana su sangre, toro, buey, cárdeno y silente.
Expuesto rey detenido, el instante
pasa, transcurre, yo me hago pájaro
entre sus manos asediadas.
Existen tierras abolidas, manos
opulentas, devorando anillos espurios,
más allá de este instante, demorándose:
serpientes entrelazadas que buscan mi cuerpo.
Y la leche sangrienta, remitida carne,
penetra en el alba, como la voz de un grito:
esperma que, con mi voz, alza el eco y conversa.
©
se mezclan el cuerpo y el espíritu;
adivinando, secuencias de sonido,
el alma fluye hasta las eternas alcancías:
dineros, sombríos gestos, taciturnos
mensajes, son derribados, despreciados,
en esta inmensa isla de silencio.
La luz, me destruye: asisto al nacimiento,
de mi sombra; la sombra, me deroga.
Parto de la luz, parto de la sombra,
hasta desvanecidos carteles ignominiosos,
de letrinas sucias, de pieles calcinadas,
mi luz, huye; mi sombra, elige signos.
Yo contemplo este eterno juego de ámbar
y dominios, mi cuerpo, en celeste herida,
mana su sangre, toro, buey, cárdeno y silente.
Expuesto rey detenido, el instante
pasa, transcurre, yo me hago pájaro
entre sus manos asediadas.
Existen tierras abolidas, manos
opulentas, devorando anillos espurios,
más allá de este instante, demorándose:
serpientes entrelazadas que buscan mi cuerpo.
Y la leche sangrienta, remitida carne,
penetra en el alba, como la voz de un grito:
esperma que, con mi voz, alza el eco y conversa.
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