Exilio

topo

Poeta recién llegado
Largo fue mi camino hasta la frontera, ahora sé que fue largo.
Antes necesité saber dónde me habitaba,
qué dedos de mi mano me pertenecían,
comprobar que mi piel era vulnerable, envoltorio de ausencias,
destino siempre de lejanos soles y también frontera.


Merodeé por caminos hasta aborrecer mis huellas,
puse cien llaves en el aro de mi nariz,
quise intentar definir la belleza con palabras horribles,
desayunar sueños, dormir acurrucado entre señales de tráfico.


Los otros fueron mi espejo, amé y quise creer
que todo estaba bien, que el camino era bajada,
que los domingos eran el premio a la congruencia.


El silencio me pesaba, su argumentario insistente
me tatuaba interrogantes, ecuaciones vanas.


Me señalaron pájaros con la punta de sus alas,
crecieron en mi frente bosques y ríos de agua clara.


Aprendí la filosofía del abandono, a perder todos mis cuchillos, mis pistolas,
todos mis dioses se fueron a la peluquería,
los rostros del álbum familiar empezaron a decolorarse.


Y el exilio se convirtió en decisión. Mi camino.


 
Última edición:
La filosofía del abandono, puesto que tú sigues siendo tú, y te gusta mucho ser tú, dado que tú eres tan lindo, noble, guapo, gallardo, hidalgo, joven, apuesto, inteligente, capaz, etc.


Je, je, je. ¿ Por qué te abandonaron, si eres tan bello ?


Bueno, porque eso que piensas tú, lo piensan muchos, muchos, muchos otros.
Mas no de ti, sino de sí mismos. Siempre es: Yo, yo, yo...
Desapasionarnos es salir de nuestro Yo.
Para apreciar las obras ajenas.
Valorarlas...
Admirarlas...
Aceptarlas...
Estudiarlas...
Aprobarlas...
Tolerarlas...
Acariciarlas...


¡ Soportarlas ! Soportas las obras ajenas, y ya, no eres un hombre tan solitario.
 
Última edición:
Largo fue mi camino hasta la frontera, ahora sé que fue largo.
Antes necesité saber dónde me habitaba,
qué dedos de mi mano me pertenecían,
comprobar que mi piel era vulnerable, envoltorio de ausencias,
destino siempre de lejanos soles y también frontera.


Merodeé por caminos hasta aborrecer mis huellas,
puse cien llaves en el aro de mi nariz,
quise intentar definir la belleza con palabras horribles,
desayunar sueños, dormir acurrucado entre señales de tráfico.


Los otros fueron mi espejo, amé y quise creer
que todo estaba bien, que el camino era bajada,
que los domingos eran el premio a la congruencia.


El silencio me pesaba, su argumentario insistente
me tatuaba interrogantes, ecuaciones vanas.


Me señalaron pájaros con la punta de sus alas,
crecieron en mi frente bosques y ríos de agua clara.


Aprendí la filosofía del abandono, a perder todos mis cuchillos, mis pistolas,
todos mis dioses se fueron a la peluquería,
los rostros de lálbum familiar empezaron a decolorarse.


Y el exilio se convirtió en decisión. Mi camino.

Me ha gustado mucho, sugerentes y bellísimoas imágenes para tratar un tema que cala en los huesos de su protagonista, poema sobre un tipo de vida real que camina sobre nuestras ciudades. Un abrazo amigo Topo. Paco.
 
La filosofía del abandono, puesto que tú sigues siendo tú, y te gusta mucho ser tú, dado que tú eres tan lindo, noble, guapo, gallardo, hidalgo, joven, apuesto, inteligente, capaz, etc.


Je, je, je. ¿ Por qué te abandonaron, si eres tan bello ?


Bueno, porque eso que piensas tú, lo piensan muchos, muchos, muchos otros.
Mas no de ti, sino de sí mismos. Siempre es: Yo, yo, yo...
Desapasionarnos es salir de nuestro Yo.
Para apreciar las obras ajenas.
Valorarlas...
Admirarlas...
Aceptarlas...
Estudiarlas...
Aprobarlas...
Tolerarlas...
Acariciarlas...


¡ Soportarlas ! Soportas las obras ajenas, y ya, no eres un hombre tan solitario.



Nommo, hay formas de exilio. Se puede abandonar un pais, una ciudad, una cultura, incluso la propia inteligencia...
 
Muchas gracias, Paco. Hay exilios obligados. Otros pueden ser voluntarios.
 
Ropitella, me encanta que tus alas sobrevolaran mis versos.
 

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