Abrahám Emilio
Emilio.
* Cuidemos los árboles son el pulmón de la vida...
Yo vi sollozar un árbol
allá por el viejo andén,
y su hoja con él lloraba
en sorbos de pura hiel,
lloraba sin tener frutos
como en los días de ayer.
Lloraba tan triste un árbol
peor que cualquier rehén,
parecía que moría
en una noche café;
lloraba bajo la luna
perdiendo su escasa fe,
palidecía su tronco,
yo no sabía el porqué.
Yo vi llorar aquel árbol
gotas de veneno y hiel;
entonces se acercó un ave
tan cerca al anochecer,
le preguntó: ¿por qué lloras?
Respondió en su palidez:
lloro por abejas muertas
que me adornaban de miel
y jugaban con mis ramas,
y hoy solo recibo hiel
que perfila mi tejido,
lloro porque soy papel,
porque sin piedad me talan
y mi voz es la mudez
que callo ante este dolor,
rompen mis ramas también,
cada mañana sollozo
al ver que no hay un vergel,
y al verme casi difunto
me ponen al fuego, y sé
que soy rama parda y leña
que radica en el andén;
con amor regalo oxígeno
y recibo este desdén,
nadie riega mis raíces,
me quitan hasta la miel,
hasta ser tronco desnudo
olvidado en la vejez...
El árbol narraba más
y hasta le pude entender.
El ave huyó pensativa
y lejos por el andén
y junto a la gran bandada,
meditó en el hombre cruel.
El ave al borde del llanto
con lágrimas de joyel
exclamó a todo pulmón:
¡ay, mísero amigo aquel
como el pobre viejo árbol
que llora un gélido amén,
soporta tanta crueldad
y otorga amor por doquier!
Yo al ver este cuadro triste
entendí, pensé y lloré,
luego sentí en mi mejilla
gotas de veneno y hiel.
Yo vi sollozar un árbol
allá por el viejo andén,
y su hoja con él lloraba
en sorbos de pura hiel,
lloraba sin tener frutos
como en los días de ayer.
Lloraba tan triste un árbol
peor que cualquier rehén,
parecía que moría
en una noche café;
lloraba bajo la luna
perdiendo su escasa fe,
palidecía su tronco,
yo no sabía el porqué.
Yo vi llorar aquel árbol
gotas de veneno y hiel;
entonces se acercó un ave
tan cerca al anochecer,
le preguntó: ¿por qué lloras?
Respondió en su palidez:
lloro por abejas muertas
que me adornaban de miel
y jugaban con mis ramas,
y hoy solo recibo hiel
que perfila mi tejido,
lloro porque soy papel,
porque sin piedad me talan
y mi voz es la mudez
que callo ante este dolor,
rompen mis ramas también,
cada mañana sollozo
al ver que no hay un vergel,
y al verme casi difunto
me ponen al fuego, y sé
que soy rama parda y leña
que radica en el andén;
con amor regalo oxígeno
y recibo este desdén,
nadie riega mis raíces,
me quitan hasta la miel,
hasta ser tronco desnudo
olvidado en la vejez...
El árbol narraba más
y hasta le pude entender.
El ave huyó pensativa
y lejos por el andén
y junto a la gran bandada,
meditó en el hombre cruel.
El ave al borde del llanto
con lágrimas de joyel
exclamó a todo pulmón:
¡ay, mísero amigo aquel
como el pobre viejo árbol
que llora un gélido amén,
soporta tanta crueldad
y otorga amor por doquier!
Yo al ver este cuadro triste
entendí, pensé y lloré,
luego sentí en mi mejilla
gotas de veneno y hiel.
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