Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal

Nada ha pasado desde que migraron
las palomas de París
y las cuencas de tus manos.
El segundo sexo apenas revirtió su posición,
trepó por el amor más aire,
sostuvo el peso de su propio cuerpo
y que su entrega no fuera nunca condicionada
por dueño alguno.
En todo ello, tuviste un cómplice,
casi suicida de sí mismo al amarte,
aunque no pudiera defender su sed
de justas predicaciones.
Sabías que la sangre no tiene más
propietario que el amor y que el amor
es siempre temporal,
estación de grises y de sepias,
palabra contra palabra
siempre enarbolada.
Tú, como ninguna,
no supiste emigrar más que las flores,
te diste, compañera, y te gozaron
otros diosecillos que te amaban,
sin clandestinajes
porque al fin la bandera de sí misma
cabe en la mujer y sin tropiezos
vas a la palabra como el viento,
vas a los abrazos como el musgo.
Este masaje sobre tus hombros
sabe que no hay frente que no abras
para ser, no una, sino todas las mujeres;
aunque las hojas mueren
en el latido está siempre tu designio.
Y las temporalidades del amor
tórnanse eternas.
De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
DERECHOS DE AUTOR PROTEGIDOS POR LEY
iMAGEN Signature Reads
Razing the Patriarchy