Décimo cuarto Movimiento (a Simone de Beauvoir, balada de hojas muertas)

Ronald Bonilla

Poeta asiduo al portal




Nada ha pasado desde que migraron

las palomas de París

y las cuencas de tus manos.

El segundo sexo apenas revirtió su posición,

trepó por el amor más aire,

sostuvo el peso de su propio cuerpo

y que su entrega no fuera nunca condicionada

por dueño alguno.



En todo ello, tuviste un cómplice,

casi suicida de sí mismo al amarte,

aunque no pudiera defender su sed

de justas predicaciones.

Sabías que la sangre no tiene más

propietario que el amor y que el amor

es siempre temporal,

estación de grises y de sepias,

palabra contra palabra

siempre enarbolada.

Tú, como ninguna,

no supiste emigrar más que las flores,

te diste, compañera, y te gozaron

otros diosecillos que te amaban,

sin clandestinajes

porque al fin la bandera de sí misma

cabe en la mujer y sin tropiezos

vas a la palabra como el viento,

vas a los abrazos como el musgo.



Este masaje sobre tus hombros

sabe que no hay frente que no abras

para ser, no una, sino todas las mujeres;

aunque las hojas mueren

en el latido está siempre tu designio.

Y las temporalidades del amor

tórnanse eternas.



De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS

DERECHOS DE AUTOR PROTEGIDOS POR LEY

iMAGEN Signature Reads

Razing the Patriarchy
 




Nada ha pasado desde que migraron

las palomas de París

y las cuencas de tus manos.

El segundo sexo apenas revirtió su posición,

trepó por el amor más aire,

sostuvo el peso de su propio cuerpo

y que su entrega no fuera nunca condicionada

por dueño alguno.



En todo ello, tuviste un cómplice,

casi suicida de sí mismo al amarte,

aunque no pudiera defender su sed

de justas predicaciones.

Sabías que la sangre no tiene más

propietario que el amor y que el amor

es siempre temporal,

estación de grises y de sepias,

palabra contra palabra

siempre enarbolada.

Tú, como ninguna,

no supiste emigrar más que las flores,

te diste, compañera, y te gozaron

otros diosecillos que te amaban,

sin clandestinajes

porque al fin la bandera de sí misma

cabe en la mujer y sin tropiezos

vas a la palabra como el viento,

vas a los abrazos como el musgo.



Este masaje sobre tus hombros

sabe que no hay frente que no abras

para ser, no una, sino todas las mujeres;

aunque las hojas mueren

en el latido está siempre tu designio.

Y las temporalidades del amor

tórnanse eternas.



De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS

DERECHOS DE AUTOR PROTEGIDOS POR LEY

iMAGEN Signature Reads

Razing the Patriarchy

Excelentes palabras dedicadas a gran escritora y mujer, me encantó. Saludos Ronald.
 

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