la nieve

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa

Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.



 
Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.
















Justamente amigo Luis, lo que cuentas en esta historia lo hemos vivido hace poquitos días y es que
cuando llega la nieve por lo menos en mi casa son días muy especiales y en el fondo todos nos comportamos
todos como niños. Por otro lado el cierre es muy bueno y certero. Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo. Tere
 
Justamente amigo Luis, lo que cuentas en esta historia lo hemos vivido hace poquitos días y es que
cuando llega la nieve por lo menos en mi casa son días muy especiales y en el fondo todos nos comportamos
todos como niños. Por otro lado el cierre es muy bueno y certero. Ha sido un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo. Tere
Gracias Tere por tu lectura. Han sido estos días de frío y nieve los que me han traído a la memoria estos recuerdos. Nos vuelven un poco niños y es algo que celebrar. Un abrazo y besos.
 
El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Nunca nieva donde vivo, pero en 2007 nevó en Buenos Aires, y pudimos sentir eso que para otros es tan normal durante el invierno.
Todos los fenómenos climáticos encierran magia si la sabemos ver.
Los poetas vamos buscando el backstage de lo ordinario, de lo científico, de aquello que es noticia en la tv, y siempre hallamos el lado místico, porque precisamente miramos con otros ojos.
Gracias, Luis, por traer estas sensaciones hermosas de nieve, de infancia y libertad.
Iniciar la semana de letras leyéndote, es de esos inmensos, pequeños placeres que nos ofrece esta bendita casa.
Y gracias por escribir así, transmitiendo tanto.
Un abrazo de lunes.
 
Nunca nieva donde vivo, pero en 2007 nevó en Buenos Aires, y pudimos sentir eso que para otros es tan normal durante el invierno.
Todos los fenómenos climáticos encierran magia si la sabemos ver.
Los poetas vamos buscando el backstage de lo ordinario, de lo científico, de aquello que es noticia en la tv, y siempre hallamos el lado místico, porque precisamente miramos con otros ojos.
Gracias, Luis, por traer estas sensaciones hermosas de nieve, de infancia y libertad.
Iniciar la semana de letras leyéndote, es de esos inmensos, pequeños placeres que nos ofrece esta bendita casa.
Y gracias por escribir así, transmitiendo tanto.
Un abrazo de lunes.
La nieve, que nos ha visitado estos días, trae siempre aparejados recuerdos de la infancia. Esos tiempos en que no importaba mojarse o que las manos se quedasen heladas. Los carámbanos de hielo colgaban de los tejados y nos niños con bolas endurecidas los hacíamos caer, para chuparlos como pirulíes de hielo, ante la desesperación de nuestras madres que nos amenazaban con anginas que, indefectiblemente, traían aparejadas la fiebre y las inyecciones. Las guerras de bolas o los muñecos de nieve, la nieve apisonada en los sombríos para que con la helada nocturna se convirtiese en duro hielo que nos permitiera patinar...
Gracias por pasar por mis recuerdos, por dejar tus gratas palabras, por estar ahí, en definitiva, amiga fiel de quien sólo me separa la distancia. Besos.
 
Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.

















Precioso cuadro nevado nos dejas. Hace un recorrido por los detalles que la nieve baña. Tenemos la suerte de vivir en un lugar donde la nieve se deja ver y tocar y traer esos recuerdos a la memoria de cuando de niños nos envolvíamos en batallas blancas.

Precioso, Luis, todo un placer recorer los acordes que salen de tu pluma.

Un beso grande.
 
Precioso cuadro nevado nos dejas. Hace un recorrido por los detalles que la nieve baña. Tenemos la suerte de vivir en un lugar donde la nieve se deja ver y tocar y traer esos recuerdos a la memoria de cuando de niños nos envolvíamos en batallas blancas.

Precioso, Luis, todo un placer recorer los acordes que salen de tu pluma.

Un beso grande.
Un placeres tenerte por mis letras, recordando aquellos tiempos. Besos y un fuerte abrazo.
 
Ahora me encuentro en un lugar que contemplo las cuatro estaciones, y el invierno con el paisaje de la nieve es un espectáculo para inspirarse y contagiarse de su maravilla y sensaciones que ofrece. Me ha encantado este recorrido que nos compartes en una bella prosa. Un saludo y gran abrazo, Luis.



Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.
















 
Ahora me encuentro en un lugar que contemplo las cuatro estaciones, y el invierno con el paisaje de la nieve es un espectáculo para inspirarse y contagiarse de su maravilla y sensaciones que ofrece. Me ha encantado este recorrido que nos compartes en una bella prosa. Un saludo y gran abrazo, Luis.
Agradezco el tiempo que dedicas a leer mis relatos. Este ha sido un invierno con más nieve que los anteriores, y la nieve siempre extiende un halo de magia sobre el paisaje y sobre las gentes. Eso es lo que he querido contar con mayor o menor acierto. Gracias por tu lectura. Un gran abrazo.
 
Hermosa historia Luis, la vida pasa tan de prisa que cuando nos damos cuenta, todo lo que nos rodea está lleno de recuerdos, un enorme placer leerte, besos.
Para mí, empieza a ser tiempo de volver con frecuencia la vista atrás y dejar que la pluma se llene de añoranza. Eso es lo que luego quiero poner en mis palabras. Gracias por pasar por ellas. Besos.
 
Una bella prosa llena de imágenes.Ver nevar,en mi caso es algo nuevo porque donde vivo solo nieva en sitios muy altos. Por eso,este año en Colonia vi nevar con ganas ,pude jugar como una niña y comprobé que aunque se deshacía pasé un momento estupendo.Un cordial saludo,Sandra.
 
Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.

interesante obra nos dejas amigo Luis, aprovecho para felicitarte por tu premio
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Una bella prosa llena de imágenes.Ver nevar,en mi caso es algo nuevo porque donde vivo solo nieva en sitios muy altos. Por eso,este año en Colonia vi nevar con ganas ,pude jugar como una niña y comprobé que aunque se deshacía pasé un momento estupendo.Un cordial saludo,Sandra.
Gracias Sandra, aunque con un poco de retraso, pero hacía tiempo que no entraba en el Portal. Me agrada que hayas disfrutado con la nieve. Un abrazo.
 
Amanece sorprendido el pueblo por la nieve que cubre sus calles, los tejados, los coches, la fuente y el parque. Invita la nieve a extasiarse ante el blanco aspecto que da una especial galanura al paisaje cotidiano.


Sorprendente, ilusionante, como un regalo. La noticia corre por los pasillos, de la cocina al cuarto de baño: "ha nevado" y se pueblan las ventanas de rostros incrédulos que desean confirmarlo. La nueva ha llegado al cuarto de los niños y les sacude la pereza que acostumbran otros días y saltan de las camas buscando el mirador que les muestre el mágico espectáculo. Los cristales se empañan con el vaho de tanta nariz y boca a ellos pegadas, mientras se escuchan los gritos azarosos con que unos a otros se apresuran y amenazan en futuras luchas a bolazos.


El desayuno ha sido un tormento, inacabable y lento, así como las recomendaciones de las madres, que caen naturalmente en saco roto. Han salido del armario a relucir las botas de goma y los guantes. De estos modos pertrechados, los ha acogido la calle, que ofrece el frío de la nieve en su seno.


Inevitablemente uno se vuelve niño. Traen estos días mil recuerdos, otros tiempos en los que, invariablemente, nevaba más y se preparaban auténticas guerras y campeonatos en algún que otro patinadero.


Al bajar a la calle, cediendo a un impulso, amaso entre las manos una bola de nieve. Blanda, húmeda y fría, se acaba deshaciendo. Y uno piensa en la vida que, como la nieve, gota a gota se nos va yendo.

Sensaciones unicas en esa estacionalidad manifestada. anclarse a ella
y dejar que los recuerdos sean ese tacto necesario para comprender
esos estadios de las sensaciones. felicidades. excelente. saludos de
luzyabsenta
 
FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.es un lujo haber podido leer
esta bella obra y sentir esos esos espacios que se apoderan de los sentimientos.
saludos siempre de luzyabsenta
Sensaciones unicas en esa estacionalidad manifestada. anclarse a ella
y dejar que los recuerdos sean ese tacto necesario para comprender
esos estadios de las sensaciones. felicidades. excelente. saludos de
luzyabsenta
Muchas gracias amigo por tus palabras y por tu apoyo. Siempre es grato saber que lo que escribimos llega y gusta a los compañeros de fatigas. Un fuerte abrazo. Luis.
 

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