Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó en el correo un día cualquiera,
en un sobre blanco en primavera.
Era la primera misiva que recibiera
de mi hijo mayor, una quimera.
La leí en silencio con la sensación
de que absorbía cada emoción.
Cada palabra hacia explosión
y se quedaba en mi interior.
Era una carta llena de amor
de agradecimiento e inspiración.
Donde cada línea y cada renglón
eran el verso de una canción.
Sentía en mi pecho mucha ilusión,
al ir leyendo su gran creación.
Me habría gustado leerla junto a ti,
Tomar tu mano al escucharle decir
que “somos los mejores padres”
aunque ya no estés aquí.
Nuestros niños te extrañan
tanto o más que yo,
nos haces mucha falta, sin ti todo cambio.
Terminé de leer aquella carta
que nuestro Fito escribió,
y no pude evitar el llanto que mi rostro humedeció,
ni tampoco la tristeza que de pronto me invadió.
Son lágrimas que brotan desde el corazón,
cada una tiene tu nombre
y te lloran en tu honor.
en un sobre blanco en primavera.
Era la primera misiva que recibiera
de mi hijo mayor, una quimera.
La leí en silencio con la sensación
de que absorbía cada emoción.
Cada palabra hacia explosión
y se quedaba en mi interior.
Era una carta llena de amor
de agradecimiento e inspiración.
Donde cada línea y cada renglón
eran el verso de una canción.
Sentía en mi pecho mucha ilusión,
al ir leyendo su gran creación.
Me habría gustado leerla junto a ti,
Tomar tu mano al escucharle decir
que “somos los mejores padres”
aunque ya no estés aquí.
Nuestros niños te extrañan
tanto o más que yo,
nos haces mucha falta, sin ti todo cambio.
Terminé de leer aquella carta
que nuestro Fito escribió,
y no pude evitar el llanto que mi rostro humedeció,
ni tampoco la tristeza que de pronto me invadió.
Son lágrimas que brotan desde el corazón,
cada una tiene tu nombre
y te lloran en tu honor.