murdock
Poeta adicto al portal
Siguen las pisadas dañando los bosques que después de los años son chaquiñanes
cruzando aquellos bajan inconscientes los llamingos con la calma de los andes
los vientos del cerro aun revientan los gritos allá donde entre las aguas te escondes
la antigua guerra se olvida entre los colores de las camisetas de los nuevos hombres
aquí entre la maleza turbia aun húmeda por el rocío mañanero
siento el vibrar de las míticas bestias comandadas por el poderoso guerrero
era inti el Dios dorado emergiendo entre los pajonales descubiertos
ni si quiera el antiguo viento de la montaña desafiaba a su brazo abierto.
Acostado en estos caminos de los venados escucho como grita el enemigo
los que la historia ha perdido de vista, aquellos odiados por los poetas
de quienes se regocija el amarillismo para engrandecer sus ventas
mirando pasar las nubes debajo de una quinua prefiero pensar…
-tal vez en este mañana austero fuera el visitante un amigo-
Mirando a la luna hacer brillar una cascada siento a Quilla arrebatar mis males
sin reflexionar en la sangre que abono por sacrifico mortal estas manzanas
rompo a llorar y siento por primera vez el frio de ya no sentir que me abrazas
poderoso el quillillico parece regocijarse de mi rondando con el cálido aire de los pajonales
-Siguen las pisadas dañando los bosques que después de los años son chaquiñanes ;
aquí entre la maleza turbia aun húmeda por el rocío mañanero;
acostado en estos caminos de los venados escucho como grita el enemigo;
mirando a la luna hacer brillar una cascada siento a Quilla arrebatar mis males -
En esta región Andina escondida entre las nubes recreo tu cálida sonrisa
mirando a los niños jugar pelota en una vertiginosa quebrada
me regocijo de su inconsciencia por las guerras repartidas sobre su chancha improvisa
en este claro de bosque me refunda la ira de ver quieta la batalla venidera
y me entrego a los antiguos dioses para que me entreguen otra vez tu insurgente mirada.
cruzando aquellos bajan inconscientes los llamingos con la calma de los andes
los vientos del cerro aun revientan los gritos allá donde entre las aguas te escondes
la antigua guerra se olvida entre los colores de las camisetas de los nuevos hombres
aquí entre la maleza turbia aun húmeda por el rocío mañanero
siento el vibrar de las míticas bestias comandadas por el poderoso guerrero
era inti el Dios dorado emergiendo entre los pajonales descubiertos
ni si quiera el antiguo viento de la montaña desafiaba a su brazo abierto.
Acostado en estos caminos de los venados escucho como grita el enemigo
los que la historia ha perdido de vista, aquellos odiados por los poetas
de quienes se regocija el amarillismo para engrandecer sus ventas
mirando pasar las nubes debajo de una quinua prefiero pensar…
-tal vez en este mañana austero fuera el visitante un amigo-
Mirando a la luna hacer brillar una cascada siento a Quilla arrebatar mis males
sin reflexionar en la sangre que abono por sacrifico mortal estas manzanas
rompo a llorar y siento por primera vez el frio de ya no sentir que me abrazas
poderoso el quillillico parece regocijarse de mi rondando con el cálido aire de los pajonales
-Siguen las pisadas dañando los bosques que después de los años son chaquiñanes ;
aquí entre la maleza turbia aun húmeda por el rocío mañanero;
acostado en estos caminos de los venados escucho como grita el enemigo;
mirando a la luna hacer brillar una cascada siento a Quilla arrebatar mis males -
En esta región Andina escondida entre las nubes recreo tu cálida sonrisa
mirando a los niños jugar pelota en una vertiginosa quebrada
me regocijo de su inconsciencia por las guerras repartidas sobre su chancha improvisa
en este claro de bosque me refunda la ira de ver quieta la batalla venidera
y me entrego a los antiguos dioses para que me entreguen otra vez tu insurgente mirada.