Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En pie, ante el mundo, en éxtasis puro,
abiertos los ojos a tanta realidad
que duele la mirada que contempla.
Abierta a lo que llega,
al rumor del viento entre las hojas,
al sonido pleno de vida
del mar cuando rompen las olas.
Prendida en el color del firmamento,
en el navegar de las nubes,
en el rayo como portento,
sobrecogida en el fragor que llena el aire
del estruendo que provoca el trueno.
Sorprendida en el canto amable del arroyo
que discurre cadencioso, entre las piedras,
sorteando robles, afirmando su yo
al saltar las pequeñas cascadas que surgen a su paso.
Enamorada de la vida
que rompe en los colores,
en el trote de las bestias,
en el canto de las aves,
en el aroma de las flores.
Mundo abierto para amarlo,
para tenerlo entre las manos,
sentirlo y escucharlo.
Y así, los níveos brazos aguardando,
abiertos para abarcar infinitos,
está la Poesía, en un sueño de amor,
a las gentes esperando.
abiertos los ojos a tanta realidad
que duele la mirada que contempla.
Abierta a lo que llega,
al rumor del viento entre las hojas,
al sonido pleno de vida
del mar cuando rompen las olas.
Prendida en el color del firmamento,
en el navegar de las nubes,
en el rayo como portento,
sobrecogida en el fragor que llena el aire
del estruendo que provoca el trueno.
Sorprendida en el canto amable del arroyo
que discurre cadencioso, entre las piedras,
sorteando robles, afirmando su yo
al saltar las pequeñas cascadas que surgen a su paso.
Enamorada de la vida
que rompe en los colores,
en el trote de las bestias,
en el canto de las aves,
en el aroma de las flores.
Mundo abierto para amarlo,
para tenerlo entre las manos,
sentirlo y escucharlo.
Y así, los níveos brazos aguardando,
abiertos para abarcar infinitos,
está la Poesía, en un sueño de amor,
a las gentes esperando.
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