Casa

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo,
y el yo consciente, el de la piel,
nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que conserva la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones, abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente,
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018



 
Última edición:
No hace falta la revolución, sino evolución.
Y después de todo el trayecto, diversidad.
La diversidad es un núcleo generador blanco-azulado.
Por eso, todos somos Uno. Pero ese Uno, es diverso: Universo.
Por supuesto que hay infinidad de planetas habitados.
Por distintas ramificaciones civilizadas, o no, de cada especie, en los reinos animal, vegetal y mineral.
La Humanidad procede del mono. Pero hay otras muchas legítimas raíces.
Como pueden ser el velocirraptor, la langosta silvestre, el pulpo, los árboles, la mantis religiosa, los delfines...
Incluso hay vampiros que se alimentan de sangre. Y la disfrutan.
Vampiros humanos, en otros mundos de Dios.


 
Última edición:
No hace falta la revolución, sino evolución.
Y después de todo el trayecto, diversidad.
La diversidad es un núcleo generador blanco-azulado.
Por eso, todos somos Uno. Pero ese Uno, es diverso: Universo.
Por supuesto que hay infinidad de planetas habitados.
Por distintas ramificaciones civilizadas, o no, de cada especie, en los reinos animal, vegetal y mineral.
La Humanidad procede del mono. Pero hay otras muchas legítimas raíces.
Como pueden ser el velocirraptor, la langosta silvestre, el pulpo, los árboles, la mantis religiosa, los delfines...
Incluso hay vampiros que se alimentan de sangre. Y la disfrutan.
Vampiros humanos, en otros mundos de Dios.



¡Hola, Nommo! Me gusta mucho el estilo digresivo de tus comentarios.
4000 millones de años de evolución de la vida es un lapso respetable, y sí, lo que nos queda...
Revolución, compañero. Colocar el centro de gravedad de nuestra existencia en nosotros y no en la quimera de lo que representamos, en esa personalidad social que no es más que una ingrata neblina, en ese universo material que no nos «pertenece».
Amándonos podremos amar al prójimo con la calidad que se merece.
Creo sinceramente que es bueno auscultarse por dentro buscando el reencuentro con uno mismo. Aunque duela. Sin pretensiones más allá de vivir la vida con consciencia.
Agradezco tu visita.
¡Saludos!
 
Última edición:
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo.
El yo consciente, el de la piel, nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza:
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018



Una introspección profunda nos ofreces animando a que busquemos en nuestro interior lo que realmente importa, la consciencia de ser nosotros mismos y aprender a beneficiarnos de ello.

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La máscara social que cada uno tiene...
Es pura apariencia.
Si rascas un poco, verás si oculta premio, o no.
Como en esas tarjetas que vienen, adjuntas a las bolsas de papas fritas Matutano.
Rascas, y a lo mejor te toca una patineta, una bicicleta o un balón hinchable.




A mí, si me rascas, verás que por dentro, ofrezco un amplio abanico de posibilidades.
 
Última edición:
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo.
El yo consciente, el de la piel, nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

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Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018


Gran poema.
El amor como re-evolución.
Gracias.
 
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo,
y el el yo consciente, el de la piel, nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018




Tenía este poema en seguimiento para poder hacer un comentario a la altura. Siempre está uno de la ceca a la meca y no llega donde pretende...
Aprovecho para felicitarte doblemente, por el poema en sí y por el reconocimiento otorgado bien merecido.

"palacios que nos deshabitan" Hogar es una palabra culminada de arropo y justamente destacas lo contrario...

"La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos" eso es precisamente lo que yo entiendo.

"y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés" Envés, otra palabra mágica que penetra en lo más fluido de nuestro Ser. Nosotros somos los dos lados de un espejo pero hay muchos reflejos y matices que nos acompañan cuando escrutamos la imagen. Cuando abrimos los sentidos, podemos habitar la luz y salir de esas sombras poderosas que nos ciegan haciéndonos perder lo más valioso.

"Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio" ¿y no es esa la realidad? me pregunto..., Somos un laberinto permanente que precisa del libro de Zoar para ser interpretados. Es tan evidente la facilidad con la que somos manipulados que acaso no está hueca y desahuciada nuestra casa?

"a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas" Es cierto... necesitamos humanizar nuestra humanidad.


"Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…" Y para eso hay que provocar la visión de uno mismo, no ser copia de nadie, danzar como los derviches de Rumi o como este concepto que usan los japoneses Wabi-Sabi algo así como la manera de vivir encontrando la belleza dentro de las imperfecciones de la vida, y aceptar tranquilamente el ciclo natural de crecimiento y decadencia.

"hagamos de la vida
una revolución." Porque la VIDA es revolución cuando se vive de verdad!


Un verdadero placer compañero.

Palmira




 
Tenía este poema en seguimiento para poder hacer un comentario a la altura. Siempre está uno de la ceca a la meca y no llega donde pretende...
Aprovecho para felicitarte doblemente, por el poema en sí y por el reconocimiento otorgado bien merecido.

"palacios que nos deshabitan" Hogar es una palabra culminada de arropo y justamente destacas lo contrario...

"La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos" eso es precisamente lo que yo entiendo.

"y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés" Envés, otra palabra mágica que penetra en lo más fluido de nuestro Ser. Nosotros somos los dos lados de un espejo pero hay muchos reflejos y matices que nos acompañan cuando escrutamos la imagen. Cuando abrimos los sentidos, podemos habitar la luz y salir de esas sombras poderosas que nos ciegan haciéndonos perder lo más valioso.

"Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio" ¿y no es esa la realidad? me pregunto..., Somos un laberinto permanente que precisa del libro de Zoar para ser interpretados. Es tan evidente la facilidad con la que somos manipulados que acaso no está hueca y desahuciada nuestra casa?

"a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas" Es cierto... necesitamos humanizar nuestra humanidad.


"Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…" Y para eso hay que provocar la visión de uno mismo, no ser copia de nadie, danzar como los derviches de Rumi o como este concepto que usan los japoneses Wabi-Sabi algo así como la manera de vivir encontrando la belleza dentro de las imperfecciones de la vida, y aceptar tranquilamente el ciclo natural de crecimiento y decadencia.

"hagamos de la vida
una revolución." Porque la VIDA es revolución cuando se vive de verdad!


Un verdadero placer compañero.

Palmira

¡Palmira! ¡Qué maravilla de comentario! Me has emocionado, compañera.
No está moda volver la mirada hacia adentro mientras hundimos las yemas de nuestros dedos en la fría gelatina del mundo absoluto; hace falta poesía y menos rebaño. Tenemos, como dices, que humanizar nuestra humanidad.
Qué gusto proyectar y recibir las golondrinas honestas de tus reflexiones. Impagable.
Gracias por el regalo.
¡Abrazo!

Envés, otra palabra mágica que penetra en lo más fluido de nuestro Ser. Nosotros somos los dos lados de un espejo pero hay muchos reflejos y matices que nos acompañan cuando escrutamos la imagen. Cuando abrimos los sentidos, podemos habitar la luz y salir de esas sombras poderosas que nos ciegan haciéndonos perder lo más valioso.
 
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo,
y el el yo consciente, el de la piel,
nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018


Hacer la la vida una revolocion que nos acerque a esa busqueda
fuera de los esquemas incluidos todos los objetos que se han
roto en la existencia de vida, vivir desde ellos y hacia otros.
excelente. saludos de luzyabsenta
 
Hacer la la vida una revolocion que nos acerque a esa busqueda
fuera de los esquemas incluidos todos los objetos que se han
roto en la existencia de vida, vivir desde ellos y hacia otros.
excelente. saludos de luzyabsenta

FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.
es un lujo haber podido leer esta bella obra de espacios que
derrlaman y se extienden entre vocaciones de sentimientos
que son pureza de vida. saludos amables de luzyabsenta

¡LUZYABSENTA! Muy agradecido por tu presencia y comentarios, compañero...
Es una maravilla cómo rescatas la luz de los poemas y los haces tuyos. Gracias.
Un abrazo.
 
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo,
y el el yo consciente, el de la piel,
nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018


Maravilloso poema!.. Con excelente arte poético, haces reflexionar al lector, para interiorizarse donde radican las verdades del ser, la vida puede ser trágica pero hermosa, hay belleza oculta en las cosas íntimas que amamos, la casa, nuestra casa, debe ser un hogar, la vida es para revolucionar en el buen sentido, para aprender de los errores e ir con los cambios oportunos en nuestro interior como sanas lecciones. Genial el final :
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Encantado de esta lectura. Mis felicitaciones y un afectuoso abrazo estimado poeta .
 
No es posible emigrar de las fronteras de nuestro cuerpo,
y el el yo consciente, el de la piel,
nunca estrechará la mano al yo espiritual, inquilino de los cuartos de nuestro mundo.

CASA


Nos hace falta poesía
y menos firmas de hipotecas
para la compra de palacios que nos deshabitan.

Es nuestra casa una muñeca rusa,
es una hermosa pieza de cebolla,
es el tronco de un árbol…
La casa nunca
será el aparador de la muñeca,
ni la nevera que guarda la cebolla,
ni el denso bosque que protege el árbol.
La casa siempre nos aguarda dentro,
dentro de la frontera de los cuerpos.
¡Su inquilino jamás emigrará
al espacio convexo del cristal de nuestros ojos!,
lo más… un tornasol tras las cortinas.
En ocasiones abre sus ventanas
de par en par
y una sombra se intuye entre sus marcos…
Pero tras ese leve instante
se esfuma en un destello promisorio
y nos queda el aliento estremecido
de casi habernos encontrado
cara a cara, de frente
con quien habita nuestro envés.

Resulta, en cualquier caso, primordial
que hundamos con frecuencia
nuestros sensibles electrodos
en esa abstracta y fría gelatina
que nos abarca y nos define.
Singular gelatina la de ahí fuera
(jalea gris rellena de semillas)
que nos permite fabricar el mundo,
ese mundo que ocupa con su espectro
nuestra íntima casa.
Y es que sin mundo nuevo seríamos
palíndromos humanos.
Estaríamos fuera deambulando
en un pasado recursivo
y acabaría nuestra casa hueca
proclamando el desahucio.

Nos hace falta mucha poesía
y no la firma de hipotecas
para la compra de espejismos
que no nos pertenecen.

Necesitamos con urgencia cuartos
que sepan a esperanza,
¡al latigazo blanco de un faro
en el negro edredón del horizonte!,
¡a la vívida lengua de un arroyo
que emerge entre los labios de las peñas!
Cuartos que guarden el amor
incontestable y puro de una madre
y un relicario de recuerdos
de sábanas, incienso y luz,
de gaviotas, ceniza y sal.
Necesitamos fabricar las dudas
que acaben de una vez por todas con la tiranía
de las certezas que nos vende el miedo.
¡Necesitamos el anhelo trágico del Ser!,
¡no ser algo!, tan solo Ser…

Grabemos, compañeros, nuestros nombres
sobre las ondas del estanque de nuestra madera.
Tomemos de la mano
a ese mágico niño que se esconde
tras la arrogancia adulta de la muñeca rusa,
y lloremos (¡de amor!) por cada gajo
que se desprenda de la piel
de nuestra historia.

¡Queridos compañeros!:
ocupad vuestras casas,
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Kalkbadan
En Madrid, 9 de septiembre de 2018



Ciertamente que nuestra casa debe ser como la extensión de uno mismo, querido amigo Kalkbadan, excelente y substancioso poema.. tus obras tienen mucha miga, te felicito. Un abrazo, y el deseo de que te vayan las cosas muy bien.Enhorabuena por el merecido reconocimiento.
 
Última edición:
Ciertamente que nuestra casa debe ser como la extensión de uno mismo, querido amigo Kalkbadan, excelente y substancioso poema.. tus obras tienen mucha miga, te felicito. Un abrazo, y el deseo de que te vayan las cosas muy bien.Enhorabuena por el merecido reconocimiento.

Muchas gracias por tu paso, estimado.
¡Un abrazo!
 
Maravilloso poema!.. Con excelente arte poético, haces reflexionar al lector, para interiorizarse donde radican las verdades del ser, la vida puede ser trágica pero hermosa, hay belleza oculta en las cosas íntimas que amamos, la casa, nuestra casa, debe ser un hogar, la vida es para revolucionar en el buen sentido, para aprender de los errores e ir con los cambios oportunos en nuestro interior como sanas lecciones. Genial el final :
¡tomemos por asalto la belleza!
y hagamos de la vida
una revolución.

Encantado de esta lectura. Mis felicitaciones y un afectuoso abrazo estimado poeta .

¡Agus! Quedo encantado con tu comentario, ¡gracias!
Efectivamente, la batalla se gana fuera y se remata dentro. Y con los años llega ese marasmo peligroso al que solo venceremos con una auténtica revolución interior. Me alegra de veras tu paso. ¡Un abrazo!
 

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