BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No fui sino en el silencio.
Beligerantes blasfemias,
ocultas desolaciones, miasmas
decantadas a favor del sueño.
No fui sino silencio, barro, adorno
cóncavo. En los matices
de la superficie agrietada,
en las banderas derribadas,
y en los mástiles ocultos,
silencio, silencio, o naves que
parten. En los fuegos existentes,
en las partes derogadas, en abismos
insondables. Sueños, hasta en lo
ínfimo de la sangre-.
Un sueño que asciende
dragando el silencio
prostituyendo flores.
Un sueño, en la mano
detenido, como húmeda
rosa que apenas un ave
mastica. Un sueño, dos monedas.
La navaja es un precipicio
y fluye y resquebraja, sintagmas
declinantes. Y yo fluyo
en silencio, eternidad discordante.
Líquido seminal de gotas aciagas,
de sangres agotadas, minerales-.
Dónde quedaron,
sueños, navajas,
edificios, fachadas,
sangres, blasfemias,
opúsculos interminables,
dónde quedaron
viejas risotadas, huellas
domésticas de aguas
procesales.
©
Beligerantes blasfemias,
ocultas desolaciones, miasmas
decantadas a favor del sueño.
No fui sino silencio, barro, adorno
cóncavo. En los matices
de la superficie agrietada,
en las banderas derribadas,
y en los mástiles ocultos,
silencio, silencio, o naves que
parten. En los fuegos existentes,
en las partes derogadas, en abismos
insondables. Sueños, hasta en lo
ínfimo de la sangre-.
Un sueño que asciende
dragando el silencio
prostituyendo flores.
Un sueño, en la mano
detenido, como húmeda
rosa que apenas un ave
mastica. Un sueño, dos monedas.
La navaja es un precipicio
y fluye y resquebraja, sintagmas
declinantes. Y yo fluyo
en silencio, eternidad discordante.
Líquido seminal de gotas aciagas,
de sangres agotadas, minerales-.
Dónde quedaron,
sueños, navajas,
edificios, fachadas,
sangres, blasfemias,
opúsculos interminables,
dónde quedaron
viejas risotadas, huellas
domésticas de aguas
procesales.
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