La historia del error

Luiscifer

Poeta recién llegado
Desesperado en un rincón oscuro
esperando la llegada del silencio
mientras palabras sin sentido
despiertan el caos en el vacío
de mis entrañas.

El filo de mi tristeza
corta cada rayo de felicidad y esperanza
se desliza por los huesos de lo que fue mi sonrisa.
Por mi piel se filtra el sudor;
un sudor amargo, cargado de desilusión y
fragmentos de mi corazón disuelto.

Un manto de soledad obstruye
el aire que perfora mis pulmones
y se incrusta en ellos como agujas.
Cada mota de polvo, cual ceniza incandescente,
se posa lenta y vagamente sobre mí,
con un bailoteo lento,
como burlándose de lo que soy.

El cuerpo, vivo pero abandonado a su animalesca
voluntad, convulsiona y converge en una danza errática,
pues su dueño encarcelado está
en un estanque de agua podrida
obligado a inhalar el arrepentimiento por sus errores
y condenado por si mismo
a no poder exhalar.

Cuando lo único que acaricia tus ojos
es la oscuridad,
fundirse con el universo
parece el único destino que pueda
ofrecerte calma.
 
Bienvenido, Luiscifer, buen inicio en el portal compartiendo sentires en esta composición que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra poética.

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El agua debe pensar lo mismo: en estado gaseoso se debe querer fundir en las nubes, cuando es líquido debe desear colapsar en el profundo océano y cuando es hielo la heladera es poco y quiere mimetizarse en los polos...
Al fin y al cabo se trata de ocultar el estado de uno, en algo más grande e igual, que haga que nos duela menos, por un momento, ser quienes somos...

Pero, al igual que el agua, sólo son estados... pueden cambiarse, pero hay que ir hacia lo que queremos ser, aunque el viaje duela. Por ejemplo, si el agua en su estado líquido, fuese al polo norte en vez de al océano...
Bonita comparación. Lo precioso del agua es que mueve pero también conmueve. Un símil excelente, gracias Hipatia.
 
Desesperado en un rincón oscuro
esperando la llegada del silencio
mientras palabras sin sentido
despiertan el caos en el vacío
de mis entrañas.

El filo de mi tristeza
corta cada rayo de felicidad y esperanza
se desliza por los huesos de lo que fue mi sonrisa.
Por mi piel se filtra el sudor;
un sudor amargo, cargado de desilusión y
fragmentos de mi corazón disuelto.

Un manto de soledad obstruye
el aire que perfora mis pulmones
y se incrusta en ellos como agujas.
Cada mota de polvo, cual ceniza incandescente,
se posa lenta y vagamente sobre mí,
con un bailoteo lento,
como burlándose de lo que soy.

El cuerpo, vivo pero abandonado a su animalesca
voluntad, convulsiona y converge en una danza errática,
pues su dueño encarcelado está
en un estanque de agua podrida
obligado a inhalar el arrepentimiento por sus errores
y condenado por si mismo
a no poder exhalar.

Cuando lo único que acaricia tus ojos
es la oscuridad,
fundirse con el universo
parece el único destino que pueda
ofrecerte calma.
La calma en ese suplicio donde el cuerpo asimila esa oscuridad
de los sentimientos del alma. una alfombra de espacios para
en cadencia gorgotear una tristeza sublime.
excelente. saludos de luzyabsenta
 

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