Desesperado en un rincón oscuro
esperando la llegada del silencio
mientras palabras sin sentido
despiertan el caos en el vacío
de mis entrañas.
El filo de mi tristeza
corta cada rayo de felicidad y esperanza
se desliza por los huesos de lo que fue mi sonrisa.
Por mi piel se filtra el sudor;
un sudor amargo, cargado de desilusión y
fragmentos de mi corazón disuelto.
Un manto de soledad obstruye
el aire que perfora mis pulmones
y se incrusta en ellos como agujas.
Cada mota de polvo, cual ceniza incandescente,
se posa lenta y vagamente sobre mí,
con un bailoteo lento,
como burlándose de lo que soy.
El cuerpo, vivo pero abandonado a su animalesca
voluntad, convulsiona y converge en una danza errática,
pues su dueño encarcelado está
en un estanque de agua podrida
obligado a inhalar el arrepentimiento por sus errores
y condenado por si mismo
a no poder exhalar.
Cuando lo único que acaricia tus ojos
es la oscuridad,
fundirse con el universo
parece el único destino que pueda
ofrecerte calma.
esperando la llegada del silencio
mientras palabras sin sentido
despiertan el caos en el vacío
de mis entrañas.
El filo de mi tristeza
corta cada rayo de felicidad y esperanza
se desliza por los huesos de lo que fue mi sonrisa.
Por mi piel se filtra el sudor;
un sudor amargo, cargado de desilusión y
fragmentos de mi corazón disuelto.
Un manto de soledad obstruye
el aire que perfora mis pulmones
y se incrusta en ellos como agujas.
Cada mota de polvo, cual ceniza incandescente,
se posa lenta y vagamente sobre mí,
con un bailoteo lento,
como burlándose de lo que soy.
El cuerpo, vivo pero abandonado a su animalesca
voluntad, convulsiona y converge en una danza errática,
pues su dueño encarcelado está
en un estanque de agua podrida
obligado a inhalar el arrepentimiento por sus errores
y condenado por si mismo
a no poder exhalar.
Cuando lo único que acaricia tus ojos
es la oscuridad,
fundirse con el universo
parece el único destino que pueda
ofrecerte calma.