Doblezero
Poeta adicto al portal
Saetas encadenadas
Recuerdo el hormigueo de aquel amor primero,
el crepitar latente del halo del sonrojo.
Recuerdo en su flequillo del cierzo prisionero
lo pícaro y felino del cándido reojo.
Entre la tarde el monte fue como de acuarela
bajo unas nubes rojas quemadas de aguardiente.
Por entre los arbustos bailaban de franela
serenas pinceladas de brisa evanescente.
Mientras se desataban de la sangre colmenas,
e impulso con impulso, del corazón la ojiva,
de mis ojos los galgos, sin dueño ni cadenas,
buscaban a las presas de su mirada esquiva.
Junto al arrebolado cristal de las cascadas,
rociado por el bronce, supe que la quería,
y nos dimos un beso de saetas atadas
efímeros de arrojo, sin ojos y sin guía.
Después de tantos años recuerdo aquel sendero
y miro a nuestros hijos y a ella, enamorado.
Por eso al acordarme de aquel amor primero
a músculo comprendo que soy afortunado.
Autor: Doblezero
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