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Saetas encadenadas (alejandrinos)

Doblezero

Poeta adicto al portal


Saetas encadenadas


Recuerdo el hormigueo de aquel amor primero,
el crepitar latente del halo del sonrojo.
Recuerdo en su flequillo del cierzo prisionero
lo pícaro y felino del cándido reojo.

Entre la tarde el monte fue como de acuarela
bajo unas nubes rojas quemadas de aguardiente.
Por entre los arbustos bailaban de franela
serenas pinceladas de brisa evanescente.

Mientras se desataban de la sangre colmenas,
e impulso con impulso, del corazón la ojiva,
de mis ojos los galgos, sin dueño ni cadenas,
buscaban a las presas de su mirada esquiva.

Junto al arrebolado cristal de las cascadas,
rociado por el bronce, supe que la quería,
y nos dimos un beso de saetas atadas
efímeros de arrojo, sin ojos y sin guía.

Después de tantos años recuerdo aquel sendero
y miro a nuestros hijos y a ella, enamorado.
Por eso al acordarme de aquel amor primero
a músculo comprendo que soy afortunado.

Autor: Doblezero




 
Última edición:

Saetas encadenadas


Recuerdo el hormigueo de aquel amor primero,
el crepitar latente del halo del sonrojo.
Recuerdo en su flequillo del cierzo prisionero
lo pícaro y felino del cándido reojo.

Entre la tarde el monte fue como de acuarela
bajo unas nubes rojas quemadas de aguardiente.
Por entre los arbustos bailaban de franela
serenas pinceladas de brisa evanescente.

Mientras se desataban de la sangre colmenas,
e impulso con impulso, del corazón la ojiva,
de mis ojos los galgos, sin dueño ni cadenas,
buscaban a las presas de su mirada esquiva.

Junto al arrebolado cristal de las cascadas,
rociado por el bronce, supe que la quería,
y nos dimos un beso de saetas atadas
efímeros de arrojo, sin ojos y sin guía.

Después de tantos años recuerdo aquel sendero
y miro a nuestros hijos y a ella, enamorado.
Por eso al acordarme de aquel amor primero
a músculo comprendo que soy afortunado.

Autor: Doblezero



Bello el beso que los ha encadenado. El primer amor si es verdad, si no es ficción eres realmente afortunado.
Saludos cordiales y también le quito el cero.-
 
Bello el beso que los ha encadenado. El primer amor si es verdad, si no es ficción eres realmente afortunado.
Saludos cordiales y también le quito el cero.-

Muchas gracias estimada Catia, es siempre una alegría recibir tus comentarios.

Con respecto a lo de que el beso nos ha encadenado decirte que visto así también, pero cuando digo que “nos dimos un beso de saetas atadas” en realidad lo que significa es eso que dicen de que hay besos que detienen el tiempo, es decir, aquel beso nuestro pareciera haber atado o encadenado las agujas del reloj (saetas) y por tanto detener el tiempo, de ahí también el título del poema.

Por otro lado, y hablando de lo que tiene o no de realidad el poema, decirte que sí, que ella fue mi primer amor. Siempre he veraneado en el pueblo de mi abuela (que es el pueblo de mi pareja) y muy jovencito ocurrió lo que cuento, aquel verano me enamoré de ella. Acabó el verano, regrese a mi pueblo, conocí a otras chicas, ella a otros chicos y durante varios años cada uno hizo su vida pero tiempo después volvimos a cruzarnos y desde entonces seguimos juntos. Sí, ella fue mi primer amor, y sí, sin duda soy muy afortunado.

Repito, gracias compañera y un fuerte abrazo.
 
Muchas gracias estimada Catia, es siempre una alegría recibir tus comentarios.

Con respecto a lo de que el beso nos ha encadenado decirte que visto así también, pero cuando digo que “nos dimos un beso de saetas atadas” en realidad lo que significa es eso que dicen de que hay besos que detienen el tiempo, es decir, aquel beso nuestro pareciera haber atado o encadenado las agujas del reloj (saetas) y por tanto detener el tiempo, de ahí también el título del poema.

Por otro lado, y hablando de lo que tiene o no de realidad el poema, decirte que sí, que ella fue mi primer amor. Siempre he veraneado en el pueblo de mi abuela (que es el pueblo de mi pareja) y muy jovencito ocurrió lo que cuento, aquel verano me enamoré de ella. Acabó el verano, regrese a mi pueblo, conocí a otras chicas, ella a otros chicos y durante varios años cada uno hizo su vida pero tiempo después volvimos a cruzarnos y desde entonces seguimos juntos. Sí, ella fue mi primer amor, y sí, sin duda soy muy afortunado.

Repito, gracias compañera y un fuerte abrazo.

Parece un cuento, me encantó encontrar la respuesta a mi comentario, y sé que volviste de tus vacaciones. Un abrazo.-
 

Saetas encadenadas


Recuerdo el hormigueo de aquel amor primero,
el crepitar latente del halo del sonrojo.
Recuerdo en su flequillo del cierzo prisionero
lo pícaro y felino del cándido reojo.

Entre la tarde el monte fue como de acuarela
bajo unas nubes rojas quemadas de aguardiente.
Por entre los arbustos bailaban de franela
serenas pinceladas de brisa evanescente.

Mientras se desataban de la sangre colmenas,
e impulso con impulso, del corazón la ojiva,
de mis ojos los galgos, sin dueño ni cadenas,
buscaban a las presas de su mirada esquiva.

Junto al arrebolado cristal de las cascadas,
rociado por el bronce, supe que la quería,
y nos dimos un beso de saetas atadas
efímeros de arrojo, sin ojos y sin guía.

Después de tantos años recuerdo aquel sendero
y miro a nuestros hijos y a ella, enamorado.
Por eso al acordarme de aquel amor primero
a músculo comprendo que soy afortunado.

Autor: Doblezero



Un hermoso poema, de alto contenido lírico, para un relato romántico que aún perdura. Si, eres muy afortunado y no sabes la alegría que me da saber que la realidad supera a la ficción en este caso. El primer amor es que nos queda como esculpido en el alma, si la vida nos lo arrebata queda una herida perpetua.
Felicidades, por tu magnifico trabajo y por tu vivir ese sueño en tu realidad.
Un abrazo.
Isabel
 

Saetas encadenadas


Recuerdo el hormigueo de aquel amor primero,
el crepitar latente del halo del sonrojo.
Recuerdo en su flequillo del cierzo prisionero
lo pícaro y felino del cándido reojo.

Entre la tarde el monte fue como de acuarela
bajo unas nubes rojas quemadas de aguardiente.
Por entre los arbustos bailaban de franela
serenas pinceladas de brisa evanescente.

Mientras se desataban de la sangre colmenas,
e impulso con impulso, del corazón la ojiva,
de mis ojos los galgos, sin dueño ni cadenas,
buscaban a las presas de su mirada esquiva.

Junto al arrebolado cristal de las cascadas,
rociado por el bronce, supe que la quería,
y nos dimos un beso de saetas atadas
efímeros de arrojo, sin ojos y sin guía.

Después de tantos años recuerdo aquel sendero
y miro a nuestros hijos y a ella, enamorado.
Por eso al acordarme de aquel amor primero
a músculo comprendo que soy afortunado.

Autor: Doblezero



Compañero...como siempre...saliéndote del tiesto.

Te lo dije una vez...¡Quiero ser como tú!...bueno, ya van dos.

Un abrazo.

P.D. Revisa el privado.
 
Parece un cuento, me encantó encontrar la respuesta a mi comentario, y sé que volviste de tus vacaciones. Un abrazo.-

Estimada Catia, disculpame si en ocasiones tardo en responder pero no voy muy sobrado de tiempo. Agradezco mucho que siempre estés ahí e intentaré en adelante atender con mas diligencia a los comentarios.

Abrazos amiga.
 
Un hermoso poema, de alto contenido lírico, para un relato romántico que aún perdura. Si, eres muy afortunado y no sabes la alegría que me da saber que la realidad supera a la ficción en este caso. El primer amor es que nos queda como esculpido en el alma, si la vida nos lo arrebata queda una herida perpetua.
Felicidades, por tu magnifico trabajo y por tu vivir ese sueño en tu realidad.
Un abrazo.
Isabel

Muchas gracias estimada Libelula, en efecto yo me considero, en ese aspecto, afortunado y mucho. Celebro que te haya gustado compañera.

Abrazos fuertes poeta.
 

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