Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ciudad con oropeles atrayentes,
fincas de piedra y techos terracota,
salpicada de curvas y pendientes
y un ciclón de rotondas que la azota.
Modernidad y estampa florecientes,
una febril pujanza ella denota,
exudan, murallones, torres, puentes,
susurros de una época remota.
Por la gran cortesía de sus gentes,
el esplendor que en cada ría explota,
porque hay magia en sus cerros sorprendentes,
mi potencial de asombro no se agota.
Es hora de partir hacia otros frentes,
hoy el cielo del alma se encapota,
hay abrazos que quedan aún pendientes
y hay un nudo en el pecho que reflota.
Cuando abrace destinos diferentes
y emerjan los recuerdos gota a gota,
evocaré a sus duendes confidentes
y en cada punto alto a una gaviota.
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