Venga, acuéstate

Victor F. Sinde

Poeta recién llegado
He perdido los párpados de tanto mirar,

observar con recelo a los jóvenes.

Y es que tengo diecinueve años

y mañana me van a matar.


Vivo en un constante gris,

de vez en cuando claro,

de vez en cuando soleado.

Vivo en un constante sinvivir.


Alzan las bocachas escupiendo rocío,

hago hueco entre el pulmón derecho

y empeño parte del corazón.

Quisiera cerrar los ojos.


A veces suspiro como si se me fuera la vida.

Me miran preocupados los ancianos,

porque ven en mi aire una ida cercana.

Me siento tan pesado, tan harto y desolado.


Se me ha olvidado sonreír.

No recuerdo si me quedan dientes.

No recuerdo como volver en mí.

¡Ay! Que se me caen las lágrimas.


Se me pierden en el suelo,

y no puedo cogerlas porque ya no las veo.

He perdido las lágrimas,

y no las encuentro.


Vendí los párpados por seguir viendo.

A quien todavía no sabe nada,

a quien se cree rey del mundo

hallándose a las puertas de su casa.


A los que ríen con gracia,

a los que bailan y gritan sin vergüenza.

Que odien a sus padres por estar ahí.

Que lo odien todo por seguir así.


A los que ya no lloran.

A los que se enamoran.

Los vendí por ver a esos chicos.

Por ver a esos de los que nunca fui.


Yo cuento los agujeros de bala.

La vida cuenta los huecos que me quedan.

Se me va a hacer muy larga la espera,

a pesar de que me matan mañana.
 
He perdido los párpados de tanto mirar,

observar con recelo a los jóvenes.

Y es que tengo diecinueve años

y mañana me van a matar.


Vivo en un constante gris,

de vez en cuando claro,

de vez en cuando soleado.

Vivo en un constante sinvivir.


Alzan las bocachas escupiendo rocío,

hago hueco entre el pulmón derecho

y empeño parte del corazón.

Quisiera cerrar los ojos.


A veces suspiro como si se me fuera la vida.

Me miran preocupados los ancianos,

porque ven en mi aire una ida cercana.

Me siento tan pesado, tan harto y desolado.


Se me ha olvidado sonreír.

No recuerdo si me quedan dientes.

No recuerdo como volver en mí.

¡Ay! Que se me caen las lágrimas.


Se me pierden en el suelo,

y no puedo cogerlas porque ya no las veo.

He perdido las lágrimas,

y no las encuentro.


Vendí los párpados por seguir viendo.

A quien todavía no sabe nada,

a quien se cree rey del mundo

hallándose a las puertas de su casa.


A los que ríen con gracia,

a los que bailan y gritan sin vergüenza.

Que odien a sus padres por estar ahí.

Que lo odien todo por seguir así.


A los que ya no lloran.

A los que se enamoran.

Los vendí por ver a esos chicos.

Por ver a esos de los que nunca fui.


Yo cuento los agujeros de bala.

La vida cuenta los huecos que me quedan.

Se me va a hacer muy larga la espera,

a pesar de que me matan mañana.
Me gusta la retórica que utilizas.
Para eso es la palabra, para echar fuera
todo lo que no te cabe en el pecho
Es fuerte y creo que tú escribes poesía
desde no sé cuándo, pero sabes expresar
eso que sorprende y que no debe tomarse
tan literal.
Mis disculpas si no es así
Muchas gracias por compartir Víctor.
Espero que no mueras mañana.
 
He perdido los párpados de tanto mirar,

observar con recelo a los jóvenes.

Y es que tengo diecinueve años

y mañana me van a matar.


Vivo en un constante gris,

de vez en cuando claro,

de vez en cuando soleado.

Vivo en un constante sinvivir.


Alzan las bocachas escupiendo rocío,

hago hueco entre el pulmón derecho

y empeño parte del corazón.

Quisiera cerrar los ojos.


A veces suspiro como si se me fuera la vida.

Me miran preocupados los ancianos,

porque ven en mi aire una ida cercana.

Me siento tan pesado, tan harto y desolado.


Se me ha olvidado sonreír.

No recuerdo si me quedan dientes.

No recuerdo como volver en mí.

¡Ay! Que se me caen las lágrimas.


Se me pierden en el suelo,

y no puedo cogerlas porque ya no las veo.

He perdido las lágrimas,

y no las encuentro.


Vendí los párpados por seguir viendo.

A quien todavía no sabe nada,

a quien se cree rey del mundo

hallándose a las puertas de su casa.


A los que ríen con gracia,

a los que bailan y gritan sin vergüenza.

Que odien a sus padres por estar ahí.

Que lo odien todo por seguir así.


A los que ya no lloran.

A los que se enamoran.

Los vendí por ver a esos chicos.

Por ver a esos de los que nunca fui.


Yo cuento los agujeros de bala.

La vida cuenta los huecos que me quedan.

Se me va a hacer muy larga la espera,

a pesar de que me matan mañana.
Pero hombre ! pareciera que que has tenido un mal día con tanta acumulación de sentimientos por doquier, lo que admiro es la sinceridad de tus palabras y sí, lo puedo tomar como un desahogo del momento. Creo que todo ser humano tiene esos momentos oscuros, la vida no es fácil. Saludos.
 

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