Oración ante el retrato de un poeta.

Tamiz

Poeta recién llegado
No paso ante tu retrato sin mirarlo
por verlo mil veces repetido
en los libros de texto.

Eres de mis visitas obligadas,
cuando acudo al museo.

Poeta hermano, hijo de Sevilla,
de Almotamid heredero,
danos siempre la mirada serena,
pero danos la locura de expresar sentimientos.

Danos el verso que mejor lo permita
y las olas gigantes de la playa remota,
que en tu alma
terminaban rompiendo.

Danos la sencillez
de la palabra,
danos la humildad
de pensamiento
Aleja de nosotros
culteranismos huecos.

Despierta el arpa en el rincón dormida.
Que su olvido no niegue nuestro cantar
a una mujer hermosa, a unos ojos bellos.

No dejes que la traición nos llegue sin saberlo:
que siempre haya un amigo
que dé noticia de ello.
Tengamos muro o no
donde apoyarnos,
perdamos la conciencia,
o no, al saberlo.

Vuelvan las golondrinas por mil años
a colgar del balcón el otoño
y el verso.

No nos niegues el don de la medida,
ni la rima, ni el ritmo del acento,
pero danos también tu libertad sagrada
para jugar con ellos.

Danos, Gustavo Adolfo…
el arpa y la mano de nieve,
Danos, Gustavo Adolfo,
la poesía, tu eco.
iu
 
Danos, Gustavo, el susto del siglo XXI.
Danos, también, Croissant para el desayuno.
Danos mermelada, tostadas y mantequilla.
Pero sobre todo, déjanos torear una vaquilla.
 
Hemos de honrarle, por el oficio.
Distinguiéndole, entre los otros.
Como el cerdo ibérico, se distingue del potro.
Y la cabra montesa, se alza en la cúspide, desafiando al precipicio.
 
¡ Está bien, caray !


Por la maestría, en el oficio,
y la singularidad de su fortuna;
que, apelmazada en un saco de arena,
fue catapultada a la Luna; y en ese desierto blanco,
un Karateka nipón, aficionado a la astronáutica,
la encontró en una duna. Siglos después,
y Dios mediante, también encontró a Fray Leopoldo de Alpandeire,
malagueño caminante, pedigüeño, de una orden mendicante.
No predominante, sino sigilosa, como el espíritu.
Y así era Gustavo Adolfo, asomado al balcón de los enigmas:
Lavándose las heridas y vendando cada estigma,
para que el energúmeno se hiciera humilde,
en pos de Brunilda y Matilde, que habían de regentar un país de Walkyrias, en perenne cabalgata.
 
balcón de los enigmas:
Al balcón de las ánimas, con el órgano de Maese Pérez, el organista, sonando sólo... Mientras por el interior del templo flotaban en el aire, sin llegar a caer nunca billetes de cien pesetas con la cara de Becquer grabada. Ante esta vision, los mercaderes abandonaban el templo, sin que nadie los expulsara...

Y ahora, me voy a dormir, mañana trataré de leer uno de los tuyos... Que hoy me ha sido imposible. Saludos.
 

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