Tamiz
Poeta recién llegado
No paso ante tu retrato sin mirarlo
por verlo mil veces repetido
en los libros de texto.
Eres de mis visitas obligadas,
cuando acudo al museo.
Poeta hermano, hijo de Sevilla,
de Almotamid heredero,
danos siempre la mirada serena,
pero danos la locura de expresar sentimientos.
Danos el verso que mejor lo permita
y las olas gigantes de la playa remota,
que en tu alma
terminaban rompiendo.
Danos la sencillez
de la palabra,
danos la humildad
de pensamiento
Aleja de nosotros
culteranismos huecos.
Despierta el arpa en el rincón dormida.
Que su olvido no niegue nuestro cantar
a una mujer hermosa, a unos ojos bellos.
No dejes que la traición nos llegue sin saberlo:
que siempre haya un amigo
que dé noticia de ello.
Tengamos muro o no
donde apoyarnos,
perdamos la conciencia,
o no, al saberlo.
Vuelvan las golondrinas por mil años
a colgar del balcón el otoño
y el verso.
No nos niegues el don de la medida,
ni la rima, ni el ritmo del acento,
pero danos también tu libertad sagrada
para jugar con ellos.
Danos, Gustavo Adolfo…
el arpa y la mano de nieve,
Danos, Gustavo Adolfo,
la poesía, tu eco.
por verlo mil veces repetido
en los libros de texto.
Eres de mis visitas obligadas,
cuando acudo al museo.
Poeta hermano, hijo de Sevilla,
de Almotamid heredero,
danos siempre la mirada serena,
pero danos la locura de expresar sentimientos.
Danos el verso que mejor lo permita
y las olas gigantes de la playa remota,
que en tu alma
terminaban rompiendo.
Danos la sencillez
de la palabra,
danos la humildad
de pensamiento
Aleja de nosotros
culteranismos huecos.
Despierta el arpa en el rincón dormida.
Que su olvido no niegue nuestro cantar
a una mujer hermosa, a unos ojos bellos.
No dejes que la traición nos llegue sin saberlo:
que siempre haya un amigo
que dé noticia de ello.
Tengamos muro o no
donde apoyarnos,
perdamos la conciencia,
o no, al saberlo.
Vuelvan las golondrinas por mil años
a colgar del balcón el otoño
y el verso.
No nos niegues el don de la medida,
ni la rima, ni el ritmo del acento,
pero danos también tu libertad sagrada
para jugar con ellos.
Danos, Gustavo Adolfo…
el arpa y la mano de nieve,
Danos, Gustavo Adolfo,
la poesía, tu eco.