Hoy es otra vez verano
y siento el manto
cálido y mudo
de las siestas de julio.
La leve brisa
entra silenciosa por mi ventana
enredada en perfumes de algas.
Los pasos
a la mañana casi bulliciosos,
huyen de la calle
y el silencio habla
como en ninguna hora mas del día
lo hace.
El polvo flota
subido en las rayas de la luz
que dibuja la persiana en la estancia.
Los colores brillan
como si estuvieran montados
en unas diminutas notas
haciendo una danza,
suben y bajan
marcando no se cual ritmo.
Mi tiempo interno
se suspende.
Mis pensamientos huyen,
los sentimientos se afanan
para salir por todos los poros de la piel
y crear otro cuerpo.
Hasta que el calor pasa
y el teléfono suena
siendo él el primero
que rompe la magia
de la siesta sagrada.
y siento el manto
cálido y mudo
de las siestas de julio.
La leve brisa
entra silenciosa por mi ventana
enredada en perfumes de algas.
Los pasos
a la mañana casi bulliciosos,
huyen de la calle
y el silencio habla
como en ninguna hora mas del día
lo hace.
El polvo flota
subido en las rayas de la luz
que dibuja la persiana en la estancia.
Los colores brillan
como si estuvieran montados
en unas diminutas notas
haciendo una danza,
suben y bajan
marcando no se cual ritmo.
Mi tiempo interno
se suspende.
Mis pensamientos huyen,
los sentimientos se afanan
para salir por todos los poros de la piel
y crear otro cuerpo.
Hasta que el calor pasa
y el teléfono suena
siendo él el primero
que rompe la magia
de la siesta sagrada.