La siesta

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Hoy es otra vez verano

y siento el manto

cálido y mudo

de las siestas de julio.

La leve brisa

entra silenciosa por mi ventana

enredada en perfumes de algas.

Los pasos

a la mañana casi bulliciosos,

huyen de la calle

y el silencio habla

como en ninguna hora mas del día

lo hace.

El polvo flota

subido en las rayas de la luz

que dibuja la persiana en la estancia.

Los colores brillan

como si estuvieran montados

en unas diminutas notas

haciendo una danza,

suben y bajan

marcando no se cual ritmo.

Mi tiempo interno

se suspende.

Mis pensamientos huyen,

los sentimientos se afanan

para salir por todos los poros de la piel

y crear otro cuerpo.

Hasta que el calor pasa

y el teléfono suena

siendo él el primero

que rompe la magia

de la siesta sagrada.
 
Hoy es otra vez verano

y siento el manto

cálido y mudo

de las siestas de julio.

La leve brisa

entra silenciosa por mi ventana

enredada en perfumes de algas.

Los pasos

a la mañana casi bulliciosos,

huyen de la calle

y el silencio habla

como en ninguna hora mas del día

lo hace.

El polvo flota

subido en las rayas de la luz

que dibuja la persiana en la estancia.

Los colores brillan

como si estuvieran montados

en unas diminutas notas

haciendo una danza,

suben y bajan

marcando no se cual ritmo.

Mi tiempo interno

se suspende.

Mis pensamientos huyen,

los sentimientos se afanan

para salir por todos los poros de la piel

y crear otro cuerpo.

Hasta que el calor pasa

y el teléfono suena

siendo él el primero

que rompe la magia

de la siesta sagrada.

Las siestas veraniegas en su primer duermevela antes de caer en el sopor del sueño hacen vagar los pensamientos por mil detalles, bien nos lo expresas en tu poema, la impresión que recibo es de que hay más disfrute que melancolía.

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