Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un camino abierto de soledad
tropiezo con las manecillas de un reloj por el tiempo roto.
Desvencijado por las heridas del viento
que clama las caricias olvidadas de unas manos llenas de arrugas.
Por el paso de los años estériles de sentimientos.
Ausentes de pasos decisivos,
de imponer en activo el alma
y de cumplir con lo prescrito.
No, no me importan los recesos cuando el amor llama a la puerta,
cuando el amor a mi piel,
cuando a mi carne lo que es mío.
Me inmiscuyo en mí misma
y no lloro esas lágrimas ardientes de los infantes
que por hambre de amor esperan en este patio mudas.
Pero yo, entre tus dudas habitaba.
¡Y mi alma gritó!
No, no se cortar las líneas que tejieron este amor.
No se cortar los hilos, ni nací para ello...
Pues los hilos de lana rosa se me hicieron de hierro
y yo de acero los recubrí.
No quiero que retroceda el amor que dañó el camino.
Y ahora una tumba fría lo cubre y yo no llego hasta él.
Lágrimas de memoria son mis flores
y tu concierto mi llanto.
Cuánto daría por besar tu frente, por unir mis dedos a los tuyos...
por abrazarte e inspirar el aroma de tus años,
por pronunciar con mis labios la palabra prohibida...
La palabra que nunca te dije y que solo tú y yo sabemos...
Y es que hoy, a pesar de la tierra que cubre tu piel,
yo todavía te amo,
aún te necesito,
aún...
aún te echo tanto de menos...
SHA.
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