Cris Cam
Poeta adicto al portal
La tumba de Lucía
Si me preguntás que es peor.
Te diré que todo.
He caminado, con mi espada escondida,
entre los pasillos de las villas,
las pulcras naves de los templos,
los claustros de las universidades,
las escaleras de las municipios.
Encontré poca verdad
y mucha mentira en todos lados.
Me preguntaste porque murió Lucía.
Y te contesto, simple,
por culpa de la mentira.
¿Quién le enseño a Lucía los misterios de su cuerpo?
No lo he encontrado en los libros,
no le pregunté a su madre,
porque sé que tampoco lo sabe.
¿Quién se ocupa en las oficinas de los ojos de los niños?
No he hallado ningún plan,
los escritorios atestados de sonrientes afiches.
¿Quién les habla de los valores del cuerpo?
Sólo, esto no, aquello tampoco,
eso, ni te atrevas.
Arrojo una flor sobre la tumba de Lucía.
¿Qué sabía Lucía de las perversas caricias,
de uno de sus tantos padrastros?
¿Qué sabía de no entregar su cuerpo,
al chico de la moto, antes de su menarca?
¿Qué sabía cómo se hacen los niños?
La maestra le dijo preguntale a tu padres.
La monja que todo está prohibido.
El estado, como siempre, se encogió de hombros.
Ayer vi un cartel.
Usalo, decía.
Lucía no sabía de qué se trata.
Lucía no aprendió a leer.
Ayer vi un cartel.
No al aborto, decía.
Lucía nació sin ser deseada.
Lucía nunca tuvo juguetes.
Ayer vi su nombre en una lápida.
No figuraban los otros nombres.
El ministro que hizo una quita a Salud, y tiene cuentas Off Shore.
El obispo que sólo habla de No, y, yo sé, que hay tantos Sí.
El chico de la moto, que ahora se olvidó su apellido.
El médico, que no pudo contener la hemorragia.
Si me preguntás que es peor.
Te diré que todo.
He caminado, con mi espada escondida,
entre los pasillos de las villas,
las pulcras naves de los templos,
los claustros de las universidades,
las escaleras de las municipios.
Encontré poca verdad
y mucha mentira en todos lados.
Me preguntaste porque murió Lucía.
Y te contesto, simple,
por culpa de la mentira.
¿Quién le enseño a Lucía los misterios de su cuerpo?
No lo he encontrado en los libros,
no le pregunté a su madre,
porque sé que tampoco lo sabe.
¿Quién se ocupa en las oficinas de los ojos de los niños?
No he hallado ningún plan,
los escritorios atestados de sonrientes afiches.
¿Quién les habla de los valores del cuerpo?
Sólo, esto no, aquello tampoco,
eso, ni te atrevas.
Arrojo una flor sobre la tumba de Lucía.
¿Qué sabía Lucía de las perversas caricias,
de uno de sus tantos padrastros?
¿Qué sabía de no entregar su cuerpo,
al chico de la moto, antes de su menarca?
¿Qué sabía cómo se hacen los niños?
La maestra le dijo preguntale a tu padres.
La monja que todo está prohibido.
El estado, como siempre, se encogió de hombros.
Ayer vi un cartel.
Usalo, decía.
Lucía no sabía de qué se trata.
Lucía no aprendió a leer.
Ayer vi un cartel.
No al aborto, decía.
Lucía nació sin ser deseada.
Lucía nunca tuvo juguetes.
Ayer vi su nombre en una lápida.
No figuraban los otros nombres.
El ministro que hizo una quita a Salud, y tiene cuentas Off Shore.
El obispo que sólo habla de No, y, yo sé, que hay tantos Sí.
El chico de la moto, que ahora se olvidó su apellido.
El médico, que no pudo contener la hemorragia.