Incendian los naranjos de Sevilla
primaveras de un abril multicolor
en racimos de azahar y de vainilla.
Al fulgor de un poema de Machado
centellea del viaje en mi memoria
el farol de una niebla vaporosa
que amordaza de silencios la mañana.
La cigüeña sobre el cielo se empareja
y el dardo de su pico tan hermosa
crotorea luciendo enamorada.
Creciente el eco, la iglesia resucita
el rumor en las cuentas de un rosario
que llora de soledad y agua bendita.
Y en la agreste colina, en su bravura,
sobre el cauce de un río enamorado
aparece la sombra de la ermita
que al camino descanso le procura:
San Saturio te guarde
¡oh! Soria en la nobleza
cuando muere la tarde
y se escapa Castilla
por la parda meseta.
El Duero amansa su agua inquieta
y en el olmo centenario, en la otra orilla,
renacerá de la savia aquél poeta
con un verso de luz y manzanilla.
PepeSori
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abril 2019
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