Cris Cam
Poeta adicto al portal
El Buko
A la casa de Rosa Buk
Allá en el fin del universo,
en la última voluta de la espiral.
Hay un hueco, un Buko,
lleno de plumas intangibles.
Es un espacio de luna,
donde las pavas silban su orgasmo,
el ojo mira a tu ojo, en torbellino de fuego,
las naranjas se guardan en cajas azules,
los chinos pierden anillos con el dedo puesto.
Es un tibio vergel, con aroma a incienso y limón,
donde los pájaros aletean sin jaulas,
las manos se asilan del exilio,
los ángeles protestan la desesperanza,
las canaletas se inundan en días soleados.
Es ante todo un tiempo sin cuerda,
una tregua de batallas perdidas,
un podio para éxtasis de tinta,
un nido para alas quebradas,
un viaje desde los tréboles a Limuria.
No hay limites de contorno al placer o al dolor,
es aquí donde al fin el padre pondrá la rama,
la Fanny, finalmente, se morirá,
el Mangangá reverdecerá otra primavera.
Donde el sol, aprovechando la noche,
se escapa con otra luna.
Y se puede ver a Raziel colgado del pino,
comiéndose las uvas verdes,
o los fósforos quemarse en rito de purificación,
o los ojos exorcizar lágrimas estalactíticas,
o Quijotes sin lanzas huir de Dragones,
para rescatar princesas de su torre de silencio.
Y así, mientras los cartones de rezago,
se convierten en lujosas esquelas,
las tizas pintan nubes de lana,
alguno que otro, se da una semana más de oportunidad.
1998
A la casa de Rosa Buk
Allá en el fin del universo,
en la última voluta de la espiral.
Hay un hueco, un Buko,
lleno de plumas intangibles.
Es un espacio de luna,
donde las pavas silban su orgasmo,
el ojo mira a tu ojo, en torbellino de fuego,
las naranjas se guardan en cajas azules,
los chinos pierden anillos con el dedo puesto.
Es un tibio vergel, con aroma a incienso y limón,
donde los pájaros aletean sin jaulas,
las manos se asilan del exilio,
los ángeles protestan la desesperanza,
las canaletas se inundan en días soleados.
Es ante todo un tiempo sin cuerda,
una tregua de batallas perdidas,
un podio para éxtasis de tinta,
un nido para alas quebradas,
un viaje desde los tréboles a Limuria.
No hay limites de contorno al placer o al dolor,
es aquí donde al fin el padre pondrá la rama,
la Fanny, finalmente, se morirá,
el Mangangá reverdecerá otra primavera.
Donde el sol, aprovechando la noche,
se escapa con otra luna.
Y se puede ver a Raziel colgado del pino,
comiéndose las uvas verdes,
o los fósforos quemarse en rito de purificación,
o los ojos exorcizar lágrimas estalactíticas,
o Quijotes sin lanzas huir de Dragones,
para rescatar princesas de su torre de silencio.
Y así, mientras los cartones de rezago,
se convierten en lujosas esquelas,
las tizas pintan nubes de lana,
alguno que otro, se da una semana más de oportunidad.
1998