QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Rugiendo a semejanza de una fiera
a por sus cuentas vuelve mi pasado,
a la caza de un hombre sentenciado
que es el cebo deudor de una pantera.
Atroz y despiadada es su embestida
y afilados relucen sus colmillos,
unas fauces de dientes amarillos
que a mi desgracia dan la bienvenida.
Pintada en blanco mi bandera ondeo
y enjuiciado el espíritu me arde
comprendiendo, quizá, que ya es muy tarde
para la tregua y súplica de un reo.
Aturdido vislumbro a mi verdugo
y su cadalso, ahora, lo recorro
habiéndole en persona, de cachorro,
alimentado con mi propio yugo.
Extinguiendo su néctar y su pulpa
disfruté de un festejo pasajero
acabando, al final, en un sendero
que actualiza el origen de mi culpa.
Me expone como ejemplo de fracaso
y desnuda mis múltiples achaques
por medio de unos íntimos ataques
que atestiguan las llagas de mi ocaso.
Cigarra de una fábula ya vieja
jamás me preocupé por ser hormiga
y un monstruo del presente me castiga
al llevarle, a mi piel, su moraleja.
¡Apiádate de mí, misericordia,
concédeme el refugio que te plazca
y permite que un poco, yo, renazca
del perdón que atesora tu concordia!
Mas mi ruego la bestia no lo escucha
y decide arrancármelo de cuajo
doblegando, a mi ser, a lo más bajo
del merecido infierno en el que lucha.
a por sus cuentas vuelve mi pasado,
a la caza de un hombre sentenciado
que es el cebo deudor de una pantera.
Atroz y despiadada es su embestida
y afilados relucen sus colmillos,
unas fauces de dientes amarillos
que a mi desgracia dan la bienvenida.
Pintada en blanco mi bandera ondeo
y enjuiciado el espíritu me arde
comprendiendo, quizá, que ya es muy tarde
para la tregua y súplica de un reo.
Aturdido vislumbro a mi verdugo
y su cadalso, ahora, lo recorro
habiéndole en persona, de cachorro,
alimentado con mi propio yugo.
Extinguiendo su néctar y su pulpa
disfruté de un festejo pasajero
acabando, al final, en un sendero
que actualiza el origen de mi culpa.
Me expone como ejemplo de fracaso
y desnuda mis múltiples achaques
por medio de unos íntimos ataques
que atestiguan las llagas de mi ocaso.
Cigarra de una fábula ya vieja
jamás me preocupé por ser hormiga
y un monstruo del presente me castiga
al llevarle, a mi piel, su moraleja.
¡Apiádate de mí, misericordia,
concédeme el refugio que te plazca
y permite que un poco, yo, renazca
del perdón que atesora tu concordia!
Mas mi ruego la bestia no lo escucha
y decide arrancármelo de cuajo
doblegando, a mi ser, a lo más bajo
del merecido infierno en el que lucha.
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