Nat Guttlein
さん
Tropezando he caído una vez más en lo inevitable de mi existir.
De una vida que observo a lo lejos,
como el retrato sostenido sólo por un clavo que se niega a ceder,
cubierto de polvo y arañas que buscan refugio,
embarrado en cenizas secas que tiñen el futuro incierto que golpea a mi puerta.
Me detengo una vez más en el mismo sitio y en el mismo huracán a seguir cosiendo agujas,
y seguir envejeciendo con la luna asomada en la ventana.
La que todo lo ve y todo lo calla,
la bella que nos duerme a todos y besa a unos pocos.
De una vida que observo a lo lejos,
como el retrato sostenido sólo por un clavo que se niega a ceder,
cubierto de polvo y arañas que buscan refugio,
embarrado en cenizas secas que tiñen el futuro incierto que golpea a mi puerta.
Me detengo una vez más en el mismo sitio y en el mismo huracán a seguir cosiendo agujas,
y seguir envejeciendo con la luna asomada en la ventana.
La que todo lo ve y todo lo calla,
la bella que nos duerme a todos y besa a unos pocos.